mucho príncipe, poco tito livio
Esta es una
transcripción de lo dicho en la presentación del libro “Tiempos
de democracia plebeya”, de Constanza Moreira, que sucedió en la
Intendencia de Montevideo el 8 de noviembre de 2019.
***
Buenas tardes,
Es una alegría
enorme estar acá, gracias Constanza por la invitación. Es una
alegría demás estar con un panel de gente tan destacada. Está Fede
Traversa, que fue uno de los profesores que me inspiró a dedicarme a
esto, a la teoría política. Y quería aprovechar también la
presencia de Carmen Midaglia, la decana de la tan querida Facultad de
Ciencias Sociales, para trasmitir mi solidaridad y apoyo a la
facultad ante los ataques que está sufriendo. Todos los que estamos
en la comunidad de las ciencias sociales tenemos que entender que
estos ataques existen, y responderlos. También estoy súper contento
de compartir este espacio con tantos compañeros y compañeras con
los que compartí años de militancia, con
la que compartí mucho y de la que aprendí a militar, y está bueno
estar de vuelta juntos un rato.
Una cosa que vi
cuando me etiquetaron en twitter con el afiche de esta presentación
fue, primero, la andanada de odio que produce Constanza en la
ultraderecha y, después, la cantidad de gente que daba para
adelante. Y eso no es menor. Constanza: te odia la gente correcta, y
eso es un gran halago. Porque fueron enemigos elegidos a conciencia.
Sé que diste batallas importantes, a veces se ganaron, a veces no,
pero lo importante es darlas.
Constanza es una
intelectual y una militante política con una inusual (entre la gente
de la primera plana de la política uruguaya) y compromentida postura
latinoamericanista y antiimperialista. Eso es algo que hay que
saludar. Es algo que está en todas partes en este libro y también
una de las señas fundamentales de la forma como Constanza piensa el
mundo: cuando se le pregunta sobre cualquier cosa, ella en seguida
habla de Estados Unidos, la región, de las relaciones de fuerzas. Es
toda una forma de pensar la realidad en escala latinoamericana, por
más que esté hablando de Uruguay, que a mi, por lo pronto, me formó
muchísimo. No tuve la suerte de tener a Constanza como docente, pero por haberla leído intensamente creo que su obra merece un lugar
destacado no sólo en la historia de la ciencia política uruguaya,
sino del pensamiento político uruguayo.
Este libro en
particular, hechos todos los saludos, es un libro politológico, de
ciencia política, que destaca todo el tiempo la importancia de las
políticas, del presidente, los partidos, el parlamento, de la
autonomía de la política, de la especificidad de la política como
actividad humana. Es un libro de una ciencia política además
bastante convencional: elitista, institucionalista, positivista, con
muchas gráficas, muchos números, centrada en las instituciones.
Defensora de la democracia, en un sentido amplio y también en un
sentido estricto. Y es también un libro que defiende la democracia,
pero con la hipótesis de que es la izquierda la que produce,
defiende y amplía la democracia.
Y eso en este
momento político de América Latina es fundamental, porque
permanentemente a los izquierdistas se nos conmina a firmar
declaraciones de fe democrática, como si nuestra sola existencia
fuera una amenaza a la convivencia y la libertad. Constanza toma
riesgos. Por ejemplo, cuando habla de Venezuela. Riesgos que tienen
que ser discutidos con el coraje con el que Constanza los plantea.
Su libro invita a hablar de Venezuela: de lo que pasó, de lo que no pasó, de cuales
fueron los indicadores, de cual fue la historia, de cual fue la dinámica
de lo que pasó. Constanza es de las pocas voces que no se deja
correr con el poncho con estas cosas. Y eso es algo que tiene un
costo, pero también un valor extraordinario. Y digo Venezuela, pero
es un solo caso de los muchos temas en los que Constanza se mete
con coraje, dispuesta a dar las peleas que haya que dar.
Pero quería volver
a esta cuestión de la ciencia política elitista, institucionalista,
demócrata, con el énfasis en que es la izquierda la que produce
democracia en América Latina. En su idea de democracia, el liderazgo "demiúrgico"
tiene un rol central. Es un pensamiento político en el cual (y esto
es interesante para discutir en la izquierda) la autoridad y el orden
son valores: una de las cosas que reivindica para el caso ecuatoriano
y el boliviano (dos países donde ahora está pasando de todo) es que
fue la izquierda la que llevó orden a esos países después de mucho
tiempo de inestabilidad. Y eso es algo interesante de destacar,
porque la izquierda se debe una discusión sobre el orden y sobre qué
implica.
Este libro convoca
en varios momentos a Gramsci y a Maquiavelo, y creo que es una
elección muy feliz. Necesitamos desesperadamente a Gramsci y a
Maquiavelo. Pero tengo mis diferencias con la lectura que Constanza
hace de ellos. Me pregunto si contemporáneamente “los grandes”
de los que habla Maquiavelo (que siempre están en lucha con la
plebe) son los políticos tradicionales de derecha o si son el capital o la clase
capitalista. Constanza trabaja con la hipótesis de que son los
políticos de derecha, y luego sigue en esa dirección con un
análisis muy valioso.
Y esto tiene que ver con qué tipo de
izquierda está pensando Constanza. Me da la sensación
de que en su lectura de Maquiavelo hay mucho “El Príncipe” (que es donde Maquiavelo habla de las monarquías) y
poco “Discurso sobre la primera década de Tito Livio” (que es donde escribió sobre las repúblicas), por decirlo de alguna manera. La relación entre el príncipe y el pueblo, que
aparece muchas veces en el libro, es un tema central para pensar hoy
a América Latina. Para Gramsci el príncipe moderno es el
partido, pero Constanza en el libro plantea que en realidad el partido
es el líder del partido. Y ciertamente es así en muchos casos
latinoamericanos, pero no en Gramsci. Eso no es menor, porque la
pregunta para Gramsci es cómo se expresa políticamente una clase, qué tipo de
problemas plantea eso, qué es un partido y cómo tiene que
organizarse, y no cuál es la relación entre el liderazgo y la plebe.
Viene a cuento aquello que dice Maquiavelo, que los príncipes son
mejores para crear estados, pero los pueblos son mejores para
mantenerlos. Constanza plantea de
frente la cuestión del personalismo y de la sucesión como problemas
políticos, pero claro, el problema es cómo los solucionamos. Sobre esta cuestión de lo plebeyo y las élites, el libro la plantea como
una relación entre el punto de vista la ciencia política elitista, para la que al
final del día la democracia es rotación de élites, y eso es lo más
que vamos a tener, y el hecho de que en ciertas situaciones algunas élites o mejor dicho, sus líderes, tienen un vínculo privilegiado
con lo plebeyo, y esa es la democracia plebeya de la que habla
Constanza.
No es entonces una
democracia participativa, asamblearia, donde todo el mundo decide
junto, sino que es una relación entre la plebe y el líder, en un
formato típico de cierta tradición de la izquierda populista latinoamericana.
Caudillista y no anticapitalista, me animo a decir. Sí contraria al
poder de la clase capitalista en el estado, pero no anticapitalista
en términos de objetivos y estrategia política. Y no lo digo como
algo malo, sino queriendo decir que este libro es un aporte a una de
las tradiciones de la izquierda latinoamericana. Lo que también
implica una posición realista. Evidentemente discutir la izquierda en la
América Latina de los 2000 implica discutir la cuestión del liderazgo y
no tanto la expresión de las clases en partidos, por más que uno
quisiera que pasara algo de esto último.
En el libro aparece
la cuestión del poder, por supuesto. Voy a leer una pequeña cita:
“La idea de que la izquierda ganó el gobierno pero no el poder
estuvo presente durante todo el período, como una manera de
calificar el difícil equilibro entre satisfacer las expectativas de
millones de latinoamericanos que apostaron a un cambio, pretendiendo
mejorar su nivel de vida, y evitar conflictos con el poder económico
y financiero que hubieran socavado la goberanbilidad. Es quizás ese
equilibrio es lo más interesante y lo más difícil que intentaron
los gobiernos de izquierda y progresistas con diferentes puntos de
inflexión”. Está Przeworski sobrevolando esta cita, lo que me lleva a
hacer la misma pregunta que le haría a Przeworski: ¿Si al final del
día esto va a seguir siendo el capitalismo y sabemos que la clase
capitalista va a responder si no se hace lo que ellos quieren, cómo
pensamos estratégicamente en cómo sí dar conflictos contra ese
poder económico y financiero? No digo que los demos que dar de
frente, de cualquier manera. Pero no tomaría como un supuesto que el
rol de la izquierda es llegar a este equilibrio. En
todo caso esto señala a algo importante, y tiene que ver con una
cuestión que a Constanza la importa mucho en este libro, que es la
democracia y la continuidad de la democracia. Cosa que, por cierto,
no está asegurada en ningún lugar de América Latina hoy.
Entonces, ¿Cómo se
disputa este poder? ¿Qué sería construir poder plebeyo? Siendo
que, para Constanza, el mundo plebeyo es lo que hace a la democracia.
Creo que ese es un punto fuertísimo del libro, y es un punto del
cual nos vamos a tener que aferrar con la vida en este período que
viene, porque la democracia es la acción política de la plebe, en
la medida que pueda conquistar cosas. Esta idea a los liberales
siempre les aterró, la llaman “tiranía de la mayoría”. Los
marxistas a esto lo llaman “dictadura del proletariado”, que es lo
mismo. Y ambas son lo mismo que la democracia. Y esto es muy
importante, porque lo primero que se nos va a decir, y ya se nos está
diciendo, es que si salimos a la calle esoimplica ser los violentos,
que atentamos contra el régimen constitucional, etc. Es lo que
está pasando en Chile, donde el presidente dice que está en una
guerra. Y acá va a pasar. Escuchen a Sotelo y a esa gente.
Voy a leer otra
cita, en la que Constanza reflexiona sobre un seminario en el que
estuvo, en el cual se menciona como el momento político progresista
es comparable en sus avances sociales sólo con los años 50 en
América Latina, pero con la diferencia de que en los años 50 hubo
un despliegue de pensamiento que no tiene nada equiparable hoy, y eso
es un problema. Lo que llama a la pregunta de por que hoy no tenemos
la creatividad intelectual que hubo en ese momento. Leo: “El gran
problema, se señaló en el seminario, es que no hemos sabido
aprovechar los años de crecimiento ininterrumpido para impulsar una
transformación estructural de nuestras sociedades. Hemos introducido
paliativos para los problemas más graves, hemos tratado de reducir
la pobreza, mantuvimos la casa en orden, pero no hemos logrado
transformar la sociedad, no tuvimos una estrategia que fuera más
allá del orden heredado y de asegurar un poco más de bienestar
(material) para algunos. Las transformaciones que sucedieron en los
países latinoamericanos en los años 50 son impensables para la
izquierda del siglo XXI”.
Destaco que son
impensables: no es que no las podemos hacer, es que no las podemos ni
pensar, capaz pensarlas es lo que tenemos que empezar a hacer.
A veces desde Uruguay pensamos que Uruguay es mucho
más importante de lo que es. La situación es complicada en Uruguay,
pero en otros lugares es mucho más ambigua. Chile despertó, Lula
está libre, Macri mordió el polvo. Entiendo que son momentos de urgencia, se juegan muchísimas cosas en
las próximas semanas, pero quizás justamente por eso es el momento
de pensar mucho.
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