¿cuál es el margen para desarrollar políticas de izquierda? ¿cuál debería ser la estrategia de la izquierda hoy?

Esta es una transcripción de una charla que di por invitación del comité de base Marcha Venceremos, que sucedió el 2 de julio por Zoom.

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Primero que nada gracias por la invitación al Comité Marcha Venceremos, a Santiago por la presentación, a Ricardo, a Beatriz por hacer la gestión. Está bueno juntarse a conversar sobre estas cosas, nunca es perder el tiempo.

Se me convocó para hablar de dos preguntas, así que voy a tratar de ceñirme a ellas. Son dos preguntas muy difíciles: ¿Cuál es el margen para desarrollar políticas de izquierda? y ¿Cuál es la estrategia que debería seguir la izquierda?

Voy a intentar hacer una intervención que más que dar respuestas en la coyuntura uruguaya actual busque en principio un nivel de abstracción un poco más alto, para promover una discusión en la que intentemos llegar al núcleo de estas cuestiones. Voy a empezar entonces con la primera pregunta:

¿Cuál es el margen para desarrollar políticas de izquierda?

Pensé bastante en esta pregunta, y lo primero que voy a hacer es darle unas vueltas. Porque a veces uno antes de responder tiene que preguntarse si la pregunta es la correcta. La pregunta sobre el margen, si hay margen, en realidad lleva implícita una respuesta: que hay poco. Porque si no, no nos estaríamos preguntando sobre el margen, sino sobre qué queremos hacer, y cómo hacerlo. Yo no necesariamente creo que hay poco, pero tampoco quiero alentar falsas esperanzas. Entonces creo que lo unico razonable para decir es que no sabemos cuánto margen hay. Y si no sabemos, el tema no es pensar en cual es el margen para llegar hasta ahí y detenernos, sino intentar esclarecer cual es nuestro deseo, intentar desarrollar las capacidades y la astucia para intentar hacerlo, sin ninguna garantía de que lo logremos. Para mi, es ahí que se ubica la pregunta.

Sigo parte por parte con la pregunta plateada. Si primero me destuve en la cuestión del “margen”, ahora entro en esto de las “políticas”, porque antes de preguntarnos cual es el margen para desarrollar políticas de izquierda, habría que preguntarnos si nuestro objetivo es “desarrollar políticas”, o qué querría decir eso. Porque que el objetivo sea ese presupone que solo vamos a hacer, o que principalemente vamos a hacer, política desde el estado. Y que, si no estamos en el estado, o en el gobierno, nuestro principal objetivo es obtenerlo para desarrollar políticas. Creo que eso es algo que hay que discutir. Yo hoy no estoy militando en ningún partido político, pero creo que es algo que incluso los partidos políticos tienen que discutir. ¿Qué hace un partido cuando no está en el gobierno? O incluso si está en el gobierno ¿Lo único que hace es desplegar políticas? Esto lo digo porque creo que hay que retomar y profundizar todo el significado de la actividad política que no tiene que ver con “las políticas”: la construcción de comunidad, de instituciones (y no solo estatales), de formas de hacer las cosas, de deseos, de conocimientos, de voluntad de lucha. Todo eso no son políticas, pero son cosas que tenemos que hacer. Preguntaría: ¿la función de un comité de base es ayudar a que gane el Frente Amplio o es organizar a la gente del barrio? Seguramente las dos cosas, pero la segunda no es solamente un objetivo subordinado al primero, es un fin en si mismo, construir organización. Me llama la atención (aunque no necesariamente como algo malo) que una organización de base hable en términos de "políticas", que es un concepto que yo asocio más bien al campo tecnocrático y a las ciencias sociales. Y ahora voy a explicar por qué me parece que esto puede llegar a ser un problema.

Entonces, ya hablé de la cuestión del “margen” y de las “políticas”, entonces ahora entro en la cuestión de las “políticas de izquierda”, y acá sí quiero dar una respuesta más clara de qué entiendo yo por "políticas de izquierda", para que nos entendamos sobre de qué estamos hablando. Para mí, una política de izquierda es una política que tiende hacia la sustitución o el desplazmiento desde relaciones sociales capitalistas y jerárquicas hacia otras más horizontales, más igualitarias, más democráticas. Una vez que uno entiende que una polìtca de izquierda tiende hacia ahí, eso ya produce de por si un norte estratégico: menos mercado, más democratización, más control político de la economía, más direcciones colectivas en las organizaciones, más poder para las organizaciones de base, etc. Desde mi visión política no me interesa tanto que se vaya a toda velocidad. Creo que hay momentos para poner el acelerador y momentos para hacer retiradas tácticas. En eso no soy un fundamentalista. Pero lo que sí me parece muy importante es que se vaya en esa dirección, es decir, no tanto la velocidad, sino la dirección.

Una pregunta que nos podríamos hacer es cuantas de las políticas llevadas adelante por el Frente Amplio en el gobierno cumplen con esta premisa. Esta es una discusión profunda, que no es sencilla de responder. Por ejemplo, uno puede decir que las políticas del Frente Amplio tuvieron como resultado la suba de los diferentes indicadores de bienestar social. Ahora, la pregunta de si una política produce un mejoramiento de los indicadores es una pregunta muy distinta que la de si tiende a la sustitución de relaciones sociales capitalistas y jerárquicas por otras. Es teóricamente posible, aunque yo no crea que sea lo más probable, que políticas perfectamente neoliberales, jerárquicas e incluso autoritarias, produzcan la mejora de los indicadores. Entonces a mi no me alcanza con la mejora de indicadores para decir que es una política de izquierda. Además, porque los indicadores pueden ser muy engañosos, abriendo la pregunta pregunta de quién hace los indicadores y qué es bien lo que se mide. Por ejemplo, yo podría inventar un indicador que mida qué porcentaje de las dinámicas sociales están reguladas por el mercado, y estaría muy contento de verlo bajar. Los neoliberales son muy buenos inventando indicadores, por ejemplo, de “libertad económica”, entonces te dicen que en un país aumentó la libertad cuando en realidad lo que quieren decir es que privatizó empresas. Entonces hay que tener mucho cuidado con los indicadores, sobre todo porque puede pasar (y esto no siempre es sencillo de entender) que las dinámicas que hacen que un indicador suba hasta un cierto punto, una vez llegado ese punto pueden hacer que baje. Entonces que algo esté subiendo no quiere decir que va a seguir subiendo.

Obviamente en lo que estoy diciendo hay una crítica implícita a las políticas del Frente Amplio, porque si uno se pone a estudiar qué políticas ha desarrollado en los lugares donde efectivamente tuvo la posibilidad de modificar sustantivamente el funcionamiento del estado, nos encontramos que (no en todos lados y no de manera pareja) lo que produjo fueron tercerizaciones, pseudomercados, evaluaciones cuantitativas, contratos precarios. Si uno mira los grandes buques insignia del Frente Amplio: el MIDES (y los problemas que tiene ahora el MIDES tienen mucho que ver con esto), el Plan Ceibal, Antel, la ANII, nos encontramos empresas públicas de derecho privado, sociedades anónimas propiedad del estado, tercerizaciones, todo tipo de dinámicas que desnaturalizan completamente lo público. Que, primero, son muy fáciles de desmantelar, como vemos ahora. Y segundo, es posible plantear que no producen, ni en el interior de esas instituciones ni en la sociedad en general un camino hacia la salida de las lógicas capitalistas y jerárquicas. Más bien lo contrario. Otras políticas que desarrolló el Frente Amplio también tuvieron un vínculo muy complejo con las organizaciones sociales. Lo que está pasando con el MIDES nuevamente es un ejemplo. ¿Realmente está bien que el MIDES tercerice en organizaciones sociales su actividad? Pienso también en el Plan Nacional de Cultura ¿Está bien que el estado en vez de decir lo que quiere hacer y hacerlo, haga un armado tercerizado para pensar la política pública? Estas formas de hacer a veces producen una falsa democratización, y detrás de ella lo que hay es vampirización y la burocratización de la sociedad, en vez de democratización del estado.

No me interesa tanto darle un palo al Frente Amplio, porque si estamos acá es porque estamos de acuerdo que lo que sea que el Frente Amplio haya hecho es mucho mejor que lo que está haciendo la derecha ahora, pero lo que sí quiero señalar es que la eventual autocrítica del Frente Amplio no tiene que hacer solamente a la derrota y sus motivos, sino también a los gobiernos. Pero diría más: la autocrítica no tiene que ser sólo hacia los gobiernos del Frente Amplio, sino también hacia los procesos ideológicos que marcaron la orientación de los gobiernos, y eso es algo que viene de los 80 o de los 90.

Y acá, una crítica fuerte que yo quiero hacer, y que hace a la pregunta de cuánto margen hay para desarrollar políticas de izquierda, es que el Frente Amplio en el gobierno, y quizás más en general la izquierda (esto no es solo responsabilidad del Frente Amplio) tercerizó el pensamiento político. ¿Quién pensó por la izquierda uruguaya? Los cuadros técnicos, ciertos organismos internacionales, ciertos circuitos académicos, ciertas fundaciones, ciertas burocracias. Entonces yo creo que si queremos hacernos en serio la pregunta de qué margen tenemos para hacer política de izquierda, la primera pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Cómo vamos a hacer para construir la autonomía intelectual que nos permita discutir políticamente sin subordinarnos a lo que los tecnócratas nos digan que tenemos que hacer?

Para entender los límites con los que se encontró el Frente Amplio, lo que hay que entender es qué es lo que quiso hacer el Frente Amplio. Y si queremos entender por qué no desarrolló políticas de izquierda en toda la medida que uno podría haber querido, creo que lo primero que tenemos que descartar es que eso sucedió porque los dirigentes son malos, porque no tienen compromiso, o cosas de esas. Habrá corruptos y todo eso, pero yo no creo que ese sea el factor político determinante. Lo que sí creo es que esto tiene condicionantes estructurales. El Frente Amplio lo que quería era desarrollar políticas que mejoraran los indicadores de bienestar. Para eso necesitaba plata. Y como necesitaba plata pero quería mantener el conflicto social en niveles bajos, para evitar violencia social, eventuales golpes de estado (o la que sea que fuera la hipótesis de conflicto) entendió que no había que apostar por la disputa distributiva, sino por el crecimiento económico, que permitiera que la economía diera para repartir tanto a la clase capitalista como a la clase trabajadora para que no entraran en conflicto, aún si el estado quería gastar más. Mientras las materias primas que Uruguay exporta tenían buenos precios, esto sucedía. Había plata para desarrollar políticas. El problema es que después de la crisis de 2008, por 2011, 2013, los precios empezaron a bajar, dejó de haber plata, y ahí se abrieron dos opciones: o se iba a una lógica redistributiva, de conflicto, o se buscaba retomar el crecimiento de la economía para seguir con el juego de suma positiva. Se decidió esto último. El problema es que para retomar el crecimiento de la economía lo que se tuvo que hacer fue buscar aumentar el nivel de inversión, lo que quiere decir que venga un privado que decida invertir porque piensa que va a ganar plata. Entonces tenés que darle condiciones, lo que implica hacer concesiones. UPM2 es un ejemplo de las enormes concesiones que se hicieron para atraer la inversión. Pero no sólo es eso, si uno piensa en las reformas de la ANII, en los ajustes fiscales, en las discusiones sobre los TLC, si uno piensa en muchas cosas que pasaron en la tercer administración frenteamplista, esto se ve con mucha claridad.

El problema es que cuando uno empieza a hacer tantas concesiones al capital, eso empieza a perjudicar la capacidad para hacer políticas de izquierda, que si no van en contra del capital, por lo menos no van a favor de sus intereses. Ahí está el nudo de la cuestión.

¿Cómo se soluciona esto? Hay muchas posibles respuestas. Una, que hoy no es muy probable, es la integración regional. Producir otro tipo de instituciones financieras que produzcan otros flujos de inversión. Financiar inversiones públicas con deuda es otra forma, pero tiene patas cortas. La expropiación y la redistribución es otra, pero que produce un aumento del conflicto social. Y también, quizás, habría que discutir la cuestión del crecimiento económico, y que tanto tiene que ser para siempre el objetivo.

Después de este largo rodeo, quiero ahora sí responder directamente la pregunta sobre qué margen hay para desarrollar políticas de izquierda. Pero la respuesta es nuevamente que no sabemos, porque la política es experimentación en la incertidumbre. Y sobre esto quiero decir un par de cosas. La primera, es que ni nosotros ni la derecha tiene a priori ni a la historia ni a la naturaleza humana de su lado. Eso lo que quiere decir es que la incertidumbre es real, y que no vale inventarse coartadas del tipo de “esto no se puede hacer porque la naturaleza humana nosequé”. La naturaleza humana cambia mucho. En segundo lugar, quería decir que uno en política, pero en la vida en general, hace cosas que no sabe si se pueden hacer. Si uno escucha a los empresarios, todo el tiempo hablan de esto: el riesgo, el emprendimiento, hacer lo imposible. Ellos entienden bien esto de la apuesta en la incertidumbre. Claro, ellos son demasiado poco ambiciosos. Porque ellos creen que lo único que se puede inventar son nuevas formas de hacer plata. Nosotros creemos que se pueden inventar nuevas formas de vivir. Pero la lógica en algún punto es parecida. Yo creo que tenemos que trabajar con el supuesto de que podemos hacer lo que nos proponemos. Porque si no ¿para que lo hacemos?

Esto viene con dos matices: el primero es que no necesariamente lo vamos a lograr hacer inmediamente (pero eso no nos puede hacer perder la brújula de adonde vamos), y el segundo es que si no pudiéramos… ¿cual es el problema? Lo importante es vivir una vida animada por un camino que vale la pena, y no tanto cumplir objetivos como si fueran ticks en una planilla. Yo, personalmente, creo que una sociedad socialista es deseable y posible, y esa es mi respuesta.

¿Cuál debería ser la estrategia de la izquierda hoy?

Ahora voy a pasar a la segunda parte, a partir de la segunda pregunta que se me hizo. Es una pregunta muy difícil, igual que la primera. Obviamente mis respuestas son muy tentativas. Lo primero que querría decir sobre cuál tiene que ser la estrategia de la izquierda es que tenemos que admitir que estamos mucho más atrás de lo que pensamos, por muchos motivos. El primero, es que las cosas están mucho peor de lo que parecen. Hay una crisis civilizacional, una crisis económica, una crisis ambiental. Hay un avance del autoritarismo en todo el mundo. Nos estamos moviendo en un terreno complejísimo. Entonces, el problema de la estrategia tiene que partir de la base que no sabemos sobre que piso vamos a actuar, porque se está moviendo. Y esa es una consideración estratégica. En segundo lugar, es difícil pensar cómo hacer (y esa la pregunta de la estrategia) si no sabemos qué es lo que queremos hacer. Pequeño detalle. A mi la sensación que me da es que mientras no tengamos una claridad ideológica sobre cual es el horizonte hacia el que nos estamos moviendo (y yo creo que el Frente Amplio y la izquierda uruguaya más en general no lo tienen) la pregunta por la estrategia es superflua. ¿Como vas a hacer estrategia si no sabés en función de qué la estás haciendo? Entonces, hay una pregunta más básica, previa (por eso digo que estamos más atrás de lo que pensamos), que es si creemos. ¿En qué creemos? ¿Cual es nuestro deseo? Una vez que esa pregunta esté despejada, y es una pregutna existencial, que creo que todo militante y toda persona tiene que hacerse, a partir de ahí podemos hablar de estrategia.

Pero creo que más allá de este registro más existencial se pueden hacer algunas consideraciones más precisas. La primera es que tenemos que entender (y esto ya lo dije) que estamos en un momento de radical incertidumbre. En todos los niveles políticos: el nacional, el regional y el mundial. Pero no es solo una incertidumbre en la política, sino que es una incertidumbre sobre hacia donde van las transformaciones de las formas de vida humana, que claramente son grandes, pero no tan fáciles de escudriñar. En tercer lugar, hay una gran incertidumbre sobre las propias posibilidades de la continuidad de la vida humana civilizada y moderna en el planeta tierra, debido a la crisis ecológica. En cuarto lugar, hay una incertidumbre sobre la textura misma de la realidad, en una era en la que hay nuevas formas de propaganda que nos hacen dudar permanentemente de lo que vemos y de lo que pensamos. No es fácil actuar en esta incertidumbre, pero quiero decir dos cosas sobre ella que para mi son muy importantes políticamente. La primera es que la incertidumbre puede ser emancipadora, porque cuando todo está muy claro, y los caminos en los que va la realidad son muy evidentes, no hay mucho que hacer, las cosas son lo que son. En cambio, cuando hay incertidumbre se abre la posibilidad de la acción. Y eso es algo que hay que abrazar, como militantes. En segundo lugar, siempre pensamos en la incertidumbre para nosotros, pero tenemos que tener en cuenta que también hay incertidumbre para ellos, para nuestros adversarios. Trump pasó una noche hace un par de semanas en un bunker. Entonces imaginense, de Trump para abajo, todas las incertidumbres que tienen las diferentes fracciones de las clases capitalistas, de los estados centrales, de las élites de nuestros países periféricos. Y no digo que no tengamos que asustarnos, porque la situación da para asustarse mucho, pero también hay que tener en cuenta que el aumento del control, el aumento del autoritarismo, la radicalización de la derecha, no es un síntoma de su fortaleza, sino de su debilidad.

Sobre la estrategia en sí, después de todos estos prolegómenos, lo que yo quiero proponer, es que tenemos que poder pensar una estrategia compleja y múltiple. Hoy no viene dada una teoría de la estrategia. No es evidente que la unidad política para ganar las elecciones sea el eje de una estrategia de izquierda, o que sea el único. Yo creo que tenemos que aprender mucho de los neoliberales, y de la forma como se han organizado. Lo que no quiere decir que tengamos que hacer lo que los neoliberales dicen, ni lo que dicen los marketineros, ni los dirigentes que insisten en que hay que liquidar las bases. No. Pero los neoliberales tienen una forma muy innovadora y muy inteligente de organización. De la que me interesa resaltar dos principios: uno es la oblicuidad de la acción, es decir, hacer acciones no directas. Y el segundo es la opacidad, es decir generar espacios donde no sea evidente quién está haciendo qué, por qué lo hace, etc. Uno siempre quiere saber lo que el otro hace, y que el otro no sepa lo que uno hace. Con todas las tecnologías de control que hay hoy es difícil mantener la opacidad, pero no imposible.

Otra cosa que es importante para pensar estratégicamente pero que a veces no es desarrollada en toda la dimensión que debería es la investigación. La investigación no es algo que tiene que suceder solamente en las facultades. La tiene que ejercer todo grupo militante: el pensamiento sobre qué está pasando a nuestro alrededor, cómo interpretamos la situación, qué información es válida, cómo sistematizamos lo que entendemos. Esa es la materia prima de la acción. La investigación sustantiva es el alimento de cualquier pensamiento estratégico, es parte de la estrategia. La investigación nos permite, nos ayuda a conquistar la autonomía intelectual. Y nos permite plantearnos no ir solamente por los caminos que nos dicen que tenemos que ir. Que normalmente son trampas. Si el adversario te dice la forma como vas a obtener lo que querés, vos tenés que sospechar.

¿Y cuales serían estos otros caminos? Hay infinitos, en todas las escalas. Alternativas hay un montón. En el mundo hoy no faltan revueltas. Hay organizaciones territoriales, colectivos de hackers, nuevos partidos políticos, viejos partidos políticos, hay internacionales sindicales, también internacionales políticas. Hay nuevas formas ideológicas: socialdemocracias radicalizadas, movimientos indígenas, ecologismos, feminismos, partidos piratas, etc. Hay que estar en contacto con eso, y con lo que pasa afuera y en los barrios. Lo que quiero decir es que entre toda esta multiplicidad de formas de organización que proliferan, la pregunta para mi no es cuál es la mejor, sino cómo se tienen que relacionar. Repito: no cuál es la mejor, sino cómo se tienen que relacionar. Evidentemente tenemos una sola vida, entonces como personas individuales tenemos que elegir a cual le metemos, pero eso no quiere decir que a la hora de pensar sobre la estrategia, tengamos que pensar yo estoy siguiendo la buena estrategia y el otro la mala. Hay una posibilidad de vínculo entre diferentes formas y diferentes entradas a la polìtica.

Esto abre un montón de preguntas: ¿Cuáles tienen que ser las relaciones entre los grupos grandes (digamos, por ejemplo, las tres grandes instituciones del campo popular uruguayo: el Frente Amplio, el Pit-Cnt y la Universidad de la República) y los infinitos grupos chicos que hay por ahí? ¿Qué instituciuones hay que crear? ¿Hay que crear instituciones específicas para el financiamiento, para la investigación, para la propaganda? ¿Cómo se organizan? ¿A quién consideramos hoy un compañero? ¿Solamente a las personas de nuestra organización? ¿Solamente a las personas de nuestra ideología? ¿O puede haber lógicas que vayan más allá de las organizaciones a las que uno pertenece? Quizás complicidades, vínculos informales. ¿El compañero tiene que ver con la clase o con el deseo? Estas preguntas no parecen estratégicas pero yo creo que son fundamentales para pensar la estrategia, porque son las que habilitan que no nos cerremos sobre nosotros mismos y podamos ver los movimientos estratégicos que están haciendo otros en el mismo campo en el que nosotros actuamos.

Volviendo a esta idea de que estamos muy atrás, yo creo que hoy el tema no es la toma del poder, más allá de que obviamente prefiero a un gobierno de izquierda antes que a uno de derecha. Si lo que nos estamos planteando es cómo desarrollar políticas más profundas, lo que nos tenemos que preguntar es cómo construir organización. Cómo construir poder, pero no el del estado, sino el de la sociedad, que pueda bancar situaciones de conflicto político más intenso. Entonces la pregunta de la toma del poder quizás eventualmente se planteará cuando esos niveles de organización se alcancen. Yo creo que por lo menos desde los 90 hay unos crecientes niveles de desorganización social, por lo que se hace difícil plantearse objetivos ambiciosos. Pero por eso vuelvo a lo que decía al principio. Si nos planteamos de pique el problema de las políticas antes de plantearnos el problema de la organización, es probable que ni siquiera logremos los objetivos en términos de políticas.

Dicho esto, quiero decir una sola cosa sobre la cuestión electoral, que es la única que voy a decir sobre eso. Es que hoy, si vemos las elecciones en el mundo, no necesariamente se gana por el centro. Miren a Bolsonaro, gana por el extremo. Claro, si se gana por el extremo la pregunta es como se gobierna. Pero no creo que sea algo menor. Porque en el frenteamplismo hay una especie de automatismo que es pensar que siempre el que vaya por el centro es el que tiene más chance. Creo que eso es por lo menos discutible.

Para tareminar, quería decir unas últimas cosas, que tienen que ver con la estrategia, pero en un nivel un poco más llano. No la gran estrategia, sino la pequeña estrategia. Cosas que a menudo se piensa que son triviales. Por ejemplo: ¿Cómo recuperamos la autenticidad de los espacios colectivos, frente a su vaciamiento por parte de los aparatos y de las urgencias? Es decir, ¿Cómo hacemos para que una asamblea discuta sustantivamente, con honestidad? Hay que combatir la inercia organizacional, que hace que las organizaciones actúen automáticamente, sin preguntarse por qué lo hacen. ¿Cómo logramos esto? No es nada evidente. No hay una fórmula, pero tiene que ver con cómo se construye la confianza, con los vínculos informales, con las conversaciones largas, con la creación de espacios específicos, tiene que ver con la habilitación a pensamientos que no son inmediatamente prácticos. Y eso, que puede parecer muy volado, muy hippie, es lo que permite que aparezcan ideas que desequilibren políticamente.

Hay una cuestión muy importante, también en este nivel llano, que es: ¿Cómo reconstruimos la legitimidad de la desobediencia? Por ejemplo: ¿Cuánto se han quejado en las últimas décadas actores de todos los partidos políticos de que los funcionarios públicos no hacen lo que los reformadores del estado les dicen que hagan? ¿Cuánto se han quejado los empresarios (y también los gobernantes) de que los sindicatos no dejan hacer? ¿Cuánto se ha quejado todo el mundo de que los pibes de los barrios desacatan y no se dejan preopotear por la policía? Hay que legitimar al estudiante que se niega a disciplinarse, a la mujer que no se deja hablar de cualquier manera. Eso es ser de izquierda también, eso es estratégico. Porque si nosotros no habilitamos la desobediencia, si no habilitamos la rebelión, tampoco estamos habiltando las energías sociales que van a producir el tipo de disputas que se van a organizar para construir otra sociedad. Y creo que la izquierda uruguaya está un poco desacostumbrada a legitimar la desobediencia.

Y quiero cerrar con esto: la estrategia incluye, como lo veo yo, la transformación subjetiva. Pero no la transformación subjetiva de los otros, en los términos de ganar la “batalla cultural”, sino la de nosotros mismos. Por ejemplo: ¿Cómo vamos a elaborar los traumas de la derrota? De esta última, pero también de las anteriores. Con trauma me refiero al dolor de haber perdido, a sentirnos impotentes, añorar lo que podría haber sido. No son cosas superficiales, son cosas muy importantes. El reverso de cómo elaborar el trauma es cómo elaborar el deseo: ¿Qué queremos? ¿Qué queremos realmente? ¿Cómo hacemos por no dejarnos correr por lo que nos dicen que hay que hacer, para pasar a hacer lo que nosotros queremos? ¿Cómo protegemos nuestras propias intuiciones radicales y las logramos desarrollar? ¿Cómo construimos nuestra autonomía intelectual? ¿Que agendas de estudio e investigación nos producimos para pensar por nosotros mismos y no dejarnos llevar por la propaganda que viene de todos lados? ¿Estamos dispuestos a intensificar las dimensiones colectivas de la vida y construir otras formas de comunidad? ¿Estamos dispuestos a poner en común los recursos de los que individualmente disponemos? Y por último, ¿Cómo logramos no ser amarretes con nuestro propio deseo? ¿Cómo logramos no reprimir eso que nos dice que en realidad queremos mucho más de lo que admitimos que queremos?

Creo que eso tiene que ver, directamente, con la primera pregunta que se me formuló, que es “¿Qué margen hay para hacer políticas de izquierda?”. Yo haría una pregunta un poco diferente, que es: ¿Qué queremos? Realmente, ¿qué queremos? Hagámonos cargo y hagamosnos la pregunta no desde el margen que creemos que hay, sino desde cómo salimos a buscar lo que necesitamos para que sucedan las cosas para las que ahora no hay margen.

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