¿cuál es el margen para desarrollar políticas de izquierda? ¿cuál debería ser la estrategia de la izquierda hoy?
Esta es una transcripción de una charla que di por invitación del comité de base Marcha Venceremos, que sucedió el 2 de julio por Zoom.
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Primero que nada gracias por la invitación al Comité Marcha
Venceremos, a Santiago por la presentación, a Ricardo, a Beatriz por
hacer la gestión. Está bueno juntarse a conversar sobre estas cosas,
nunca es perder el tiempo.
Se me convocó para
hablar de dos preguntas, así que voy a tratar de ceñirme a ellas.
Son dos preguntas muy difíciles: ¿Cuál es el margen para
desarrollar políticas de izquierda? y ¿Cuál es la estrategia que
debería seguir la izquierda?
Voy a intentar hacer
una intervención que más que dar respuestas en la
coyuntura uruguaya actual busque en principio un nivel de
abstracción un poco más alto, para promover una discusión en la que
intentemos llegar al núcleo de estas cuestiones. Voy a empezar
entonces con la primera pregunta:
¿Cuál es el
margen para desarrollar políticas de izquierda?
Pensé bastante en esta pregunta, y lo primero que voy a hacer es darle unas vueltas. Porque
a veces uno antes de responder tiene que preguntarse si la pregunta
es la correcta. La pregunta sobre el margen, si hay margen, en realidad lleva
implícita una respuesta: que hay poco. Porque si no, no nos estaríamos
preguntando sobre el margen, sino sobre qué queremos hacer, y cómo
hacerlo. Yo no necesariamente creo que hay poco, pero tampoco quiero
alentar falsas esperanzas. Entonces creo que lo unico razonable para
decir es que no sabemos cuánto margen hay. Y si no sabemos, el tema
no es pensar en cual es el margen para llegar hasta ahí y
detenernos, sino intentar esclarecer cual es nuestro deseo, intentar
desarrollar las capacidades y la astucia para intentar hacerlo, sin
ninguna garantía de que lo logremos. Para mi, es ahí que se ubica la
pregunta.
Sigo parte por parte
con la pregunta plateada. Si primero me destuve en la cuestión del
“margen”, ahora entro en esto de las “políticas”,
porque antes de preguntarnos cual es el margen para desarrollar
políticas de izquierda, habría que preguntarnos si nuestro objetivo
es “desarrollar políticas”, o qué querría decir eso. Porque que
el objetivo sea ese presupone que solo vamos a hacer, o que
principalemente vamos a hacer, política desde el estado. Y que, si no
estamos en el estado, o en el gobierno, nuestro principal objetivo es
obtenerlo para desarrollar políticas. Creo que eso es algo que hay
que discutir. Yo hoy no estoy militando en ningún partido político,
pero creo que es algo que incluso los partidos políticos tienen que
discutir. ¿Qué hace un partido cuando no está en el gobierno? O
incluso si está en el gobierno ¿Lo único que hace es desplegar
políticas? Esto lo digo porque creo que hay que retomar y
profundizar todo el significado de la actividad política que no
tiene que ver con “las políticas”: la construcción de
comunidad, de instituciones (y no solo estatales), de formas de hacer
las cosas, de deseos, de conocimientos, de voluntad de lucha. Todo
eso no son políticas, pero son cosas que tenemos que hacer.
Preguntaría: ¿la función de un comité de base es ayudar a que
gane el Frente Amplio o es organizar a la gente del barrio?
Seguramente las dos cosas, pero la segunda no es solamente un
objetivo subordinado al primero, es un fin en si mismo, construir
organización. Me llama la atención (aunque no
necesariamente como algo malo) que una
organización de base hable en términos de "políticas", que es un
concepto que yo asocio más bien al campo tecnocrático y a las
ciencias sociales. Y ahora voy a explicar por qué me parece que esto puede llegar a ser un problema.
Entonces, ya hablé
de la cuestión del “margen” y de las “políticas”, entonces
ahora entro en la cuestión de las “políticas de izquierda”, y
acá sí quiero dar una respuesta más clara de qué entiendo yo por
"políticas de izquierda", para que nos entendamos sobre de qué estamos hablando. Para mí, una
política de izquierda es una política que tiende hacia la
sustitución o el desplazmiento desde relaciones sociales
capitalistas y jerárquicas hacia otras más horizontales, más
igualitarias, más democráticas. Una vez que uno entiende que una
polìtca de izquierda tiende hacia ahí, eso ya produce de por si un
norte estratégico: menos mercado, más democratización, más
control político de la economía, más direcciones colectivas en las
organizaciones, más poder para las organizaciones de base, etc.
Desde mi visión política no me interesa tanto que se vaya a toda
velocidad. Creo que hay momentos para poner el acelerador y momentos
para hacer retiradas tácticas. En eso no soy un fundamentalista.
Pero lo que sí me parece muy importante es que se vaya en esa
dirección, es decir, no tanto la velocidad, sino la dirección.
Una
pregunta que nos podríamos hacer es cuantas de las políticas
llevadas adelante por el Frente Amplio en el gobierno cumplen con
esta premisa. Esta es una discusión profunda, que no es sencilla de
responder. Por ejemplo, uno puede decir que las políticas del Frente
Amplio tuvieron como resultado la suba de los diferentes
indicadores de bienestar social. Ahora, la pregunta de si una
política produce un mejoramiento de los indicadores es una pregunta
muy distinta que la de si tiende a la sustitución de relaciones
sociales capitalistas y jerárquicas por otras. Es teóricamente
posible, aunque yo no crea que sea lo más probable, que políticas
perfectamente neoliberales, jerárquicas e incluso autoritarias,
produzcan la mejora de los indicadores. Entonces a mi no me alcanza
con la mejora de indicadores para decir que es una política de
izquierda. Además, porque los indicadores pueden ser muy engañosos,
abriendo la pregunta pregunta de quién hace los indicadores y qué es bien lo que se
mide. Por ejemplo, yo podría inventar un indicador que mida qué
porcentaje de las dinámicas sociales están reguladas por el
mercado, y estaría muy contento de verlo bajar. Los neoliberales son
muy buenos inventando indicadores, por ejemplo, de “libertad
económica”, entonces te dicen que en un país aumentó la libertad
cuando en realidad lo que quieren decir es que privatizó empresas.
Entonces hay que tener mucho cuidado con los indicadores, sobre todo
porque puede pasar (y esto no siempre es sencillo de entender) que
las dinámicas que hacen que un indicador suba hasta un cierto punto,
una vez llegado ese punto pueden hacer que baje. Entonces que algo
esté subiendo no quiere decir que va a seguir subiendo.
Obviamente en lo que
estoy diciendo hay una crítica implícita a las políticas del
Frente Amplio, porque si uno se pone a estudiar qué políticas ha
desarrollado en los lugares donde efectivamente tuvo la posibilidad
de modificar sustantivamente el funcionamiento del estado, nos
encontramos que (no en todos lados y no de manera pareja) lo que produjo fueron tercerizaciones,
pseudomercados, evaluaciones cuantitativas, contratos precarios. Si
uno mira los grandes buques insignia del Frente Amplio: el MIDES (y
los problemas que tiene ahora el MIDES tienen mucho que ver con
esto), el Plan Ceibal, Antel, la ANII, nos encontramos empresas
públicas de derecho privado, sociedades anónimas propiedad del
estado, tercerizaciones, todo tipo de dinámicas que desnaturalizan
completamente lo público. Que, primero, son muy fáciles de
desmantelar, como vemos ahora. Y segundo, es posible
plantear que no producen, ni en el interior de esas instituciones ni
en la sociedad en general un camino hacia la salida de las lógicas
capitalistas y jerárquicas. Más bien lo contrario. Otras políticas
que desarrolló el Frente Amplio también tuvieron un vínculo muy
complejo con las organizaciones sociales. Lo que está pasando con el
MIDES nuevamente es un ejemplo. ¿Realmente está bien que el MIDES
tercerice en organizaciones sociales su actividad? Pienso también en
el Plan Nacional de Cultura ¿Está bien que el estado en vez de
decir lo que quiere hacer y hacerlo, haga un armado tercerizado para
pensar la política pública? Estas formas de hacer a veces producen una falsa democratización, y detrás de
ella lo que hay es vampirización y la burocratización de la
sociedad, en vez de democratización del estado.
No me interesa tanto
darle un palo al Frente Amplio, porque si estamos acá es porque
estamos de acuerdo que lo que sea que el Frente Amplio haya hecho es
mucho mejor que lo que está haciendo la derecha ahora, pero lo que
sí quiero señalar es que la eventual autocrítica del Frente Amplio no tiene que hacer solamente a la
derrota y sus motivos, sino también a los gobiernos. Pero diría más: la
autocrítica no tiene que ser sólo hacia los gobiernos del Frente Amplio,
sino también hacia los procesos ideológicos que marcaron la orientación
de los gobiernos, y eso es algo que viene de los 80 o de los 90.
Y acá, una crítica
fuerte que yo quiero hacer, y que hace a la pregunta de cuánto margen
hay para desarrollar políticas de izquierda, es que el Frente Amplio
en el gobierno, y quizás más en general la izquierda (esto no es
solo responsabilidad del Frente Amplio) tercerizó el pensamiento
político. ¿Quién pensó por la izquierda uruguaya? Los cuadros
técnicos, ciertos organismos internacionales, ciertos circuitos
académicos, ciertas fundaciones, ciertas burocracias. Entonces yo
creo que si queremos hacernos en serio la pregunta de qué margen
tenemos para hacer política de izquierda, la primera pregunta que
tenemos que hacernos es: ¿Cómo vamos a hacer para construir la
autonomía intelectual que nos permita discutir políticamente sin subordinarnos a lo que los tecnócratas nos digan que tenemos que hacer?
Para
entender los límites con los que se encontró el Frente Amplio, lo
que hay que entender es qué es lo que quiso hacer el Frente Amplio. Y si queremos entender por qué no desarrolló políticas de izquierda en toda la medida que uno podría haber
querido, creo que lo primero que tenemos que descartar es que eso
sucedió porque los dirigentes son malos, porque no tienen
compromiso, o cosas de esas. Habrá corruptos y todo eso, pero yo no
creo que ese sea el factor político determinante. Lo que sí
creo es que esto tiene condicionantes estructurales. El Frente Amplio
lo que quería era desarrollar políticas que mejoraran los
indicadores de bienestar. Para eso necesitaba plata. Y como
necesitaba plata pero quería mantener el conflicto social en niveles
bajos, para evitar violencia social, eventuales golpes de estado (o la
que sea que fuera la hipótesis de conflicto) entendió que no había
que apostar por la disputa distributiva, sino por el crecimiento
económico, que permitiera que la economía diera para repartir tanto
a la clase capitalista como a la clase trabajadora para que no
entraran en conflicto, aún si el estado quería gastar más.
Mientras las materias primas que Uruguay exporta tenían buenos
precios, esto sucedía. Había plata para desarrollar políticas. El
problema es que después de la crisis de 2008, por 2011, 2013, los
precios empezaron a bajar, dejó de haber plata, y ahí se abrieron
dos opciones: o se iba a una lógica redistributiva, de conflicto, o
se buscaba retomar el crecimiento de la economía para seguir con el juego de suma positiva. Se decidió esto
último. El problema es que para retomar el crecimiento de la
economía lo que se tuvo que hacer fue buscar aumentar el nivel de
inversión, lo que quiere decir que venga un privado que decida invertir
porque piensa que va a ganar plata. Entonces tenés que darle
condiciones, lo que implica hacer concesiones. UPM2 es un ejemplo de
las enormes concesiones que se hicieron para atraer la inversión.
Pero no sólo es eso, si uno piensa en las reformas de la ANII, en los
ajustes fiscales, en las discusiones sobre los TLC, si uno piensa en
muchas cosas que pasaron en la tercer administración frenteamplista,
esto se ve con mucha claridad.
El problema es que
cuando uno empieza a hacer tantas concesiones al capital, eso empieza
a perjudicar la capacidad para hacer políticas de izquierda, que si
no van en contra del capital, por lo menos no van a favor de sus
intereses. Ahí está el nudo de la cuestión.
¿Cómo se soluciona
esto? Hay muchas posibles respuestas. Una, que hoy no es muy
probable, es la integración regional. Producir otro tipo de
instituciones financieras que produzcan otros flujos de inversión.
Financiar inversiones públicas con deuda es otra forma, pero tiene
patas cortas. La expropiación y la redistribución es otra, pero que
produce un aumento del conflicto social. Y también, quizás, habría
que discutir la cuestión del crecimiento económico, y que tanto
tiene que ser para siempre el objetivo.
Después de este
largo rodeo, quiero ahora sí responder directamente la pregunta
sobre qué margen hay para desarrollar políticas de izquierda. Pero
la respuesta es nuevamente que no sabemos, porque la política es
experimentación en la incertidumbre. Y sobre esto quiero decir un
par de cosas. La primera, es que ni nosotros ni la derecha tiene a
priori ni a la historia ni a la naturaleza humana de su lado. Eso lo
que quiere decir es que la incertidumbre es real, y que no vale inventarse coartadas del tipo de “esto
no se puede hacer porque la naturaleza humana nosequé”. La naturaleza humana cambia mucho. En segundo lugar, quería
decir que uno en política, pero en la vida en general, hace
cosas que no sabe si se pueden hacer. Si uno escucha a los
empresarios, todo el tiempo hablan de esto: el
riesgo, el emprendimiento, hacer lo imposible. Ellos entienden bien
esto de la apuesta en la incertidumbre. Claro, ellos son demasiado
poco ambiciosos. Porque ellos creen que lo único que se puede
inventar son nuevas formas de hacer plata. Nosotros creemos que se
pueden inventar nuevas formas de vivir. Pero la lógica en algún
punto es parecida. Yo creo que tenemos que trabajar con el supuesto
de que podemos hacer lo que nos proponemos. Porque si no ¿para que
lo hacemos?
Esto viene con dos
matices: el primero es que no necesariamente lo vamos a lograr hacer
inmediamente (pero eso no nos puede hacer perder la brújula de
adonde vamos), y el segundo es que si no pudiéramos… ¿cual es el problema? Lo
importante es vivir una vida animada por un camino que vale la pena,
y no tanto cumplir objetivos como si fueran ticks en una planilla.
Yo, personalmente, creo que una sociedad socialista es deseable y
posible, y esa es mi respuesta.
¿Cuál debería
ser la estrategia de la izquierda hoy?
Ahora voy a pasar a
la segunda parte, a partir de la segunda pregunta que se me hizo. Es una pregunta muy
difícil, igual que la primera. Obviamente mis respuestas son muy
tentativas. Lo primero que querría decir sobre cuál tiene que ser la
estrategia de la izquierda es que tenemos que admitir que estamos mucho más atrás de lo que pensamos, por muchos
motivos. El primero, es que las cosas están mucho peor de lo que
parecen. Hay una crisis civilizacional, una crisis económica, una
crisis ambiental. Hay un avance del autoritarismo en todo el mundo. Nos estamos moviendo en un terreno complejísimo. Entonces, el
problema de la estrategia tiene que partir de la base que no sabemos sobre que piso vamos a actuar, porque se está moviendo. Y esa es una consideración estratégica. En
segundo lugar, es difícil pensar cómo hacer (y esa la
pregunta de la estrategia) si no sabemos qué es lo que queremos
hacer. Pequeño detalle. A mi la sensación que me da es que mientras
no tengamos una claridad ideológica sobre cual es el horizonte hacia
el que nos estamos moviendo (y yo creo que el Frente Amplio y la
izquierda uruguaya más en general no lo tienen) la pregunta por la
estrategia es superflua. ¿Como vas a hacer estrategia si no sabés
en función de qué la estás haciendo? Entonces, hay una
pregunta más básica, previa (por eso digo que estamos más atrás
de lo que pensamos), que es si creemos. ¿En qué creemos? ¿Cual es
nuestro deseo? Una vez que esa pregunta esté despejada, y es una
pregutna existencial, que creo que todo militante y toda persona tiene que hacerse, a partir de ahí podemos hablar de
estrategia.
Pero creo que más
allá de este registro más existencial se pueden hacer algunas
consideraciones más precisas. La primera es que
tenemos que entender (y esto ya lo dije) que estamos en un momento de radical incertidumbre. En todos los
niveles políticos: el nacional, el regional y el mundial. Pero no es solo una
incertidumbre en la política, sino que es una incertidumbre sobre hacia
donde van las transformaciones de las formas de vida humana, que
claramente son grandes, pero no tan fáciles de escudriñar. En
tercer lugar, hay una gran incertidumbre sobre las propias
posibilidades de la continuidad de la vida humana civilizada y
moderna en el planeta tierra, debido a la crisis ecológica. En
cuarto lugar, hay una incertidumbre sobre la textura misma de la
realidad, en una era en la que hay nuevas formas de propaganda que
nos hacen dudar permanentemente de lo que vemos y de lo que pensamos.
No es fácil actuar en esta incertidumbre, pero quiero decir dos
cosas sobre ella que para mi son muy importantes
políticamente. La primera es que la incertidumbre puede ser
emancipadora, porque cuando todo está muy claro, y los caminos en los que
va la realidad son muy evidentes, no hay mucho que hacer, las cosas
son lo que son. En cambio, cuando hay incertidumbre se abre la
posibilidad de la acción. Y eso es algo que hay que abrazar, como
militantes. En segundo lugar, siempre pensamos en la incertidumbre
para nosotros, pero tenemos que tener en cuenta que también hay
incertidumbre para ellos, para nuestros adversarios. Trump pasó una
noche hace un par de semanas en un bunker. Entonces imaginense, de
Trump para abajo, todas las incertidumbres que tienen las diferentes
fracciones de las clases capitalistas, de los estados centrales, de
las élites de nuestros países periféricos. Y no digo que no
tengamos que asustarnos, porque la situación da para asustarse
mucho, pero también hay que tener en cuenta que el aumento del
control, el aumento del autoritarismo, la radicalización de la
derecha, no es un síntoma de su fortaleza, sino de su debilidad.
Sobre la estrategia
en sí, después de todos estos prolegómenos, lo que yo quiero proponer, es que tenemos que
poder pensar una estrategia compleja y múltiple. Hoy no viene dada
una teoría de la estrategia. No es evidente que la unidad política para ganar
las elecciones sea el eje de una estrategia de izquierda, o que sea
el único. Yo creo que tenemos que aprender mucho de los
neoliberales, y de la forma como se han organizado. Lo que no quiere
decir que tengamos que hacer lo que los neoliberales dicen, ni lo que dicen los
marketineros, ni los dirigentes que insisten en que hay que liquidar las
bases. No. Pero los neoliberales tienen una forma
muy innovadora y muy inteligente de organización. De la que me
interesa resaltar dos principios: uno es la oblicuidad de la acción,
es decir, hacer acciones no directas. Y el segundo es la opacidad, es
decir generar espacios donde no sea evidente quién está haciendo
qué, por qué lo hace, etc. Uno siempre quiere saber lo que el otro
hace, y que el otro no sepa lo que uno hace. Con todas las
tecnologías de control que hay hoy es difícil mantener la opacidad,
pero no imposible.
Otra cosa que es importante para pensar estratégicamente pero que a veces
no es desarrollada en toda la dimensión que debería es la investigación. La
investigación no es algo que tiene que suceder solamente en las
facultades. La tiene que ejercer todo grupo
militante: el pensamiento sobre qué está pasando a nuestro alrededor, cómo
interpretamos la situación, qué información es válida, cómo
sistematizamos lo que entendemos. Esa es la materia prima de la
acción. La investigación sustantiva es el alimento de cualquier
pensamiento estratégico, es parte de la estrategia. La investigación
nos permite, nos ayuda a conquistar la autonomía intelectual. Y nos
permite plantearnos no ir solamente por los caminos que nos dicen que
tenemos que ir. Que normalmente son trampas. Si el adversario te dice
la forma como vas a obtener lo que querés, vos tenés que
sospechar.
¿Y cuales serían
estos otros caminos? Hay infinitos, en todas las escalas.
Alternativas hay un montón. En el mundo hoy no faltan revueltas. Hay
organizaciones territoriales, colectivos de hackers, nuevos partidos
políticos, viejos partidos políticos, hay internacionales
sindicales, también internacionales políticas. Hay nuevas formas
ideológicas: socialdemocracias radicalizadas, movimientos indígenas,
ecologismos, feminismos, partidos piratas, etc. Hay que estar en
contacto con eso, y con lo que pasa afuera y en los barrios. Lo que quiero decir es
que entre toda esta multiplicidad de formas de organización que
proliferan, la pregunta para mi no es cuál es la mejor, sino cómo se
tienen que relacionar. Repito: no cuál es la mejor, sino cómo se
tienen que relacionar. Evidentemente tenemos una sola vida, entonces
como personas individuales tenemos que elegir a cual le metemos, pero
eso no quiere decir que a la hora de pensar sobre la estrategia, tengamos que pensar yo estoy siguiendo la buena estrategia y el
otro la mala. Hay una posibilidad de vínculo entre
diferentes formas y diferentes entradas a la polìtica.
Esto abre un montón
de preguntas: ¿Cuáles tienen que ser las relaciones entre los grupos
grandes (digamos, por ejemplo, las tres grandes instituciones del
campo popular uruguayo: el Frente Amplio, el Pit-Cnt y la Universidad
de la República) y los infinitos grupos chicos que hay por ahí?
¿Qué instituciuones hay que crear? ¿Hay que crear instituciones
específicas para el financiamiento, para la investigación, para la
propaganda? ¿Cómo se organizan? ¿A quién consideramos hoy un
compañero? ¿Solamente a las personas de nuestra organización?
¿Solamente a las personas de nuestra ideología? ¿O puede haber lógicas
que vayan más allá de las organizaciones a las que uno pertenece?
Quizás complicidades, vínculos informales. ¿El compañero
tiene que ver con la clase o con el deseo? Estas preguntas no parecen
estratégicas pero yo creo que son fundamentales para
pensar la estrategia, porque son las que habilitan que no nos
cerremos sobre nosotros mismos y podamos ver los movimientos
estratégicos que están haciendo otros en el mismo campo en el que
nosotros actuamos.
Volviendo a esta
idea de que estamos muy atrás, yo creo que hoy el tema no es la toma
del poder, más allá de que obviamente prefiero a un gobierno de
izquierda antes que a uno de derecha. Si lo que nos estamos
planteando es cómo desarrollar políticas más profundas, lo que nos tenemos que preguntar es cómo
construir organización. Cómo construir poder, pero no el del
estado, sino el de la sociedad, que pueda bancar situaciones de
conflicto político más intenso. Entonces la pregunta de la toma del
poder quizás eventualmente se planteará cuando esos niveles de organización
se alcancen. Yo creo que por lo menos desde los 90 hay unos
crecientes niveles de desorganización social, por lo que se hace
difícil plantearse objetivos ambiciosos. Pero por eso vuelvo a lo
que decía al principio. Si nos planteamos de pique el problema de
las políticas antes de plantearnos el problema de la organización,
es probable que ni siquiera logremos los objetivos en términos de
políticas.
Dicho esto, quiero
decir una sola cosa sobre la cuestión electoral, que es la única
que voy a decir sobre eso. Es que hoy, si vemos las elecciones en el mundo, no
necesariamente se gana por el centro. Miren a Bolsonaro, gana por el
extremo. Claro, si se gana por el extremo la pregunta es como se
gobierna. Pero no creo que sea algo menor. Porque en el
frenteamplismo hay una especie de automatismo que es pensar que
siempre el que vaya por el centro es el que tiene más chance. Creo
que eso es por lo menos discutible.
Para tareminar,
quería decir unas últimas cosas, que tienen que ver con la
estrategia, pero en un nivel un poco más llano. No la gran
estrategia, sino la pequeña estrategia. Cosas que a menudo se piensa que son
triviales. Por ejemplo: ¿Cómo recuperamos la autenticidad de los
espacios colectivos, frente a su vaciamiento por parte de los
aparatos y de las urgencias? Es decir, ¿Cómo hacemos para que una
asamblea discuta sustantivamente, con honestidad? Hay que combatir la
inercia organizacional, que hace que las organizaciones actúen
automáticamente, sin preguntarse por qué lo hacen. ¿Cómo logramos esto? No es nada evidente. No hay una fórmula, pero tiene
que ver con cómo se construye la confianza, con los vínculos
informales, con las conversaciones largas, con la creación de
espacios específicos, tiene que ver con la habilitación a
pensamientos que no son inmediatamente prácticos. Y eso, que puede
parecer muy volado, muy hippie, es lo que permite que aparezcan ideas
que desequilibren políticamente.
Hay una cuestión
muy importante, también en este nivel llano, que es: ¿Cómo
reconstruimos la legitimidad de la desobediencia? Por ejemplo:
¿Cuánto se han quejado en las últimas décadas actores de todos los
partidos políticos de que los funcionarios públicos no hacen lo que
los reformadores del estado les dicen que hagan? ¿Cuánto se han
quejado los empresarios (y también los gobernantes) de que los
sindicatos no dejan hacer? ¿Cuánto se ha quejado todo el mundo de
que los pibes de los barrios desacatan y no se dejan preopotear por
la policía? Hay que legitimar al estudiante que se niega a
disciplinarse, a la mujer que no se deja hablar de cualquier manera.
Eso es ser de izquierda también, eso es estratégico. Porque si
nosotros no habilitamos la desobediencia, si no habilitamos la rebelión,
tampoco estamos habiltando las energías sociales que van a producir
el tipo de disputas que se van a organizar para construir otra
sociedad. Y creo que la izquierda uruguaya está un poco
desacostumbrada a legitimar la desobediencia.
Y quiero cerrar con
esto: la estrategia incluye, como lo veo yo, la transformación
subjetiva. Pero no la transformación subjetiva de los otros, en los
términos de ganar la “batalla cultural”, sino la de nosotros
mismos. Por ejemplo: ¿Cómo vamos a elaborar los traumas de la
derrota? De esta última, pero también de las anteriores. Con trauma
me refiero al dolor de haber perdido, a sentirnos impotentes, añorar lo que
podría haber sido. No son cosas superficiales, son cosas muy
importantes. El reverso de cómo elaborar el trauma es cómo elaborar el
deseo: ¿Qué queremos? ¿Qué queremos realmente? ¿Cómo hacemos por
no dejarnos correr por lo que nos dicen que hay que hacer, para pasar a hacer
lo que nosotros queremos? ¿Cómo protegemos nuestras propias
intuiciones radicales y las logramos desarrollar? ¿Cómo construimos
nuestra autonomía intelectual? ¿Que agendas de estudio e
investigación nos producimos para pensar por nosotros mismos y no
dejarnos llevar por la propaganda que viene de todos lados? ¿Estamos dispuestos a intensificar las dimensiones colectivas de la
vida y construir otras formas de comunidad? ¿Estamos
dispuestos a poner en común los recursos de los que individualmente
disponemos? Y por último, ¿Cómo logramos no ser amarretes con
nuestro propio deseo? ¿Cómo logramos no reprimir eso que nos dice
que en realidad queremos mucho más de lo que admitimos que queremos?
Creo que eso tiene
que ver, directamente, con la primera pregunta que se me formuló,
que es “¿Qué margen hay para hacer políticas de izquierda?”. Yo
haría una pregunta un poco diferente, que es: ¿Qué queremos?
Realmente, ¿qué queremos? Hagámonos cargo y hagamosnos la pregunta
no desde el margen que creemos que hay, sino desde cómo salimos a
buscar lo que necesitamos para que sucedan las cosas para las que
ahora no hay margen.
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