juego de espejos

Para una parte de la izquierda frenteamplista (incluso del frenteamplismo centrista), “socialdemocracia” y “reformismo” son mala palabra. Se asume como un hecho que Lenin le ganó la discusión a Kautsky, y asumir eso es una suerte de postura identitaria. Lo extraño de esto es que lejos de sostener estrategias leninistas, esas mismas personas forman parte de un proyecto político que no es ni siquiera socialdemócrata. El neodesarrollismo empresista que el gobierno actual tiene como estrategia económica está bastante a la derecha la socialdemocracia clásica, que significa, por lo menos, desmercantilización, políticas universales y fuertes aumentos de impuestos. "Este gobierno socialdemócrata..." dicen con desdén. ¡Ojalá!

Ojalá, por cierto, los que critican a esta ni-siquiera-socialdemocracia fueran (ejem, fuéramos) tan comunistas, tan radicales y tan poderosos como la derecha reaccionaria piensa que somos. En la fantasía delirante de la derecha, el Frente Amplio y el Pit-Cnt están listos para atacar a los oligopolios mediáticos, la propiedad de la tierra y para soltar a los presos. La derecha fantasea que está en una batalla cósmica contra la Unión Soviética, y eso un poco nos halaga. Pero si pensamos un poco en lo que hicieron la última vez que se vieron en esa batalla, la verdad es que da un poco de miedo. Quizás su ser reaccionario no tiene tanto que ver con reaccionar de manera conservadora cuando sucede una revolución, sino con montar ofensivas contrarevolucionarias radicales, haya revolución o no. Y si no hay, fingir indignación con el tímido avance de la ni-siquiera-socialdemocracia para que no agarre ánimo y pase a ser otra cosa.

Pero me fui de tema, vuelvo. Existe, entonces, una identidad revolucionaria que no se hace cargo de lo que implica ser un revolucionario, y una realidad reformista que tampoco se hace cargo de lo que esa estrategia implica, con sus potencialidades y sus límites. ¿No sería mejor directamente asumirse como socialdemócratas o reformistas? ¿O si vamos a ser revolucionarios, no deberíamos pensar realmente que quiere decir una revolución en el contexto actual? ¿Que teorías, que estrategias, que tácticas y que sujetos revolucionarios son los que se invocan? ¿O la idea es sostener al leninismo como identidad (tal como Nin habla de "mística frenteamplista") derrotada que apoya tácticamente al reformismo hasta que cambie la coyuntura? Otra posibilidad es dejar atrás ese eje de disputa al interior de la izquierda y pensar en otros.

Mientras tanto, los que sí se llaman a si mismos “socialdemócratas” suelen ser neoliberales que buscan un barniz de centrismo, diciendo que tiene que haber un poco de políticas sociales por aquí, alguna regulación por allá y mucho, mucho mercado. Son los herederos de Batalla, del Nuevo Espacio y del sanguinettismo cultural de los 80 y los 90, que llaman “centro”, “moderación” y “socialdemocracia” a la aplicación gradualista del ajuste, e invocan a la tradición socialdemócrata para atacar a las organizaciones de trabajadores, a la política de masas, a los partidos organizados y a cualquier anticapitalismo (Frugoni, por cierto, hablaba sin problemas de lucha de clases). Son los que en los 80 decían que había que seguir la senda de Felipe González. Son los que ahora piensan que Macron (y si los apurás también Macri) es la esperanza contra el populismo.

Del lado frenteamplista de esa postura (que siempre tuvo inteligentemente un pie adentro y uno afuera del FA), un etapismo pseudomarxista dice que se podrá pensar en el socialismo llegado cierto grado de desarrollo, que nunca se dice cual es. Paradoja: se invoca al marxismo para postergar el problema del socialismo. Quizás "socialdemocracia" no es tan mala palabra si la llevamos a lo más básico: ir hacia el socialismo a través de la democracia. Pero sin que esto esto implique renunciar tocar a la justicia conservadora, el oligopolio mediático o la propiedad de la tierra, como si fueran instituciones democráticas. Esto implicar plantear en serio el problema del socialismo, y no usando a la democracia como excusa para asumir de hecho posutras empresistas. Esta sería una postura mucho más radical que las que están disponibles en la política partidaria uruguaya actual.

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