de persecuciones y cloacas

Un post de Nicolás Trajtenberg en el blog Razones y Personas, en el que el sociólogo se queja de las condiciones del debate en la Facultad de Ciencias Sociales, tuvo una gran repercusión, motivando notas en El Observador y El País, y poniendo a la facultad, una vez más, en el centro de un debate público. Creo que vale la pena pensar por que tuvo tanta repercusión, pero sobre todo refutar algunas de las aseveraciones de Trajtenberg, tanto en su nota original como en sus apariciones mediáticas posteriores.

La libertad de expresión en las universidades estadounidenses

La nota comienza con una serie de episodios en universidades norteamericanas, en las que existieron denuncias por parte de posturas conservadoras de que se coartó su libertad de expresión. La historia, repetida hasta el hartazgo por infinidad de medios, es que los estudiantes de izquierda buscan que las universidades sean “espacios seguros” en los que no se crucen con opiniones contrarias a las suyas, por lo tanto impidiendo un verdadero intercambio intelectual. Es decir, en las universidades de Estados Unidos hay un problema de libertad de expresión, y los responsables son los estudiantes de izquierda.

Si bien los episodios señalados por Trajtenberg existieron, presentarlos sin más de esa manera es una falsedad, que a través de medias verdades pinta una situación que es la contraria a la verdadera. En primer lugar, omite que en la gran mayoría de los casos en los que se dieron polémicas sobre si se debía permitir a conservadores hablar en universidades no se trataba de académicos, sino figuras mediáticas que tenían como propósito explícito la provocación, y que estos incidentes se dieron en medio de un ascenso de la ultraderecha norteamericana (que, por cierto, no es ajena al uso de la violencia).

Además, omite que el grueso de la producción intelectual y de los académicos de las ciencias sociales y las humanidades en Estados Unidos están lejos de ser izquierdistas (¿en que disciplinas hay un dominio de corrientes asociadas a la izquierda? ¿donde está el poder en los espacios académicos norteamericanos?), y que de hecho, si existe un problema de libertad de expresión en las universidades estadounidenses, en todo caso son los despidos a docentes de izquierda.

Si uno tiene en cuenta estos hechos, la imagen ya no es la de una izquierda todopoderosa impidiendo expresarse a las posiciones conservadoras, sino la de un espacio académico conservador, donde la izquierda ocupa pocos lugares de poder y de hecho muchas veces es perseguida, y donde ante una avanzada de la ultraderecha, algunos estudiantes se organizaron para evitar que figuras mediáticas llevaran sus provocaciones a los espacios universitarios. El discurso de una izquierda topoderosa y censora, eso si, es el que reproducen los medios conservadores norteamericanos, que no son conocidos precisamente por su honestidad intelectual.

¿Que es, entonces, lo que se teme ocurra en Uruguay? A mi, por lo pronto, me asusta un poco más la persecusión que sufre la izquierda en las instituciones educativas en Brasil, que usan como excusa argumentos muy parecidos a los de la derecha norteamericana.

La izquierda en la Facultad de Ciencias Sociales

Si Trajtenberg se equivoca al decir que en Estados Unidos la izquierda tiene poder sobre las universidades e impide el debate, se equivoca doblemente al hacer un diagnóstico similar al hablar de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (y ni que hablar cuando se refiere a la Universidad en general, que cuenta, por ejemplo, con Juan Andrés Ramírez, ministro del interior de Luis Alberto Lacalle, como decano en la Facultad de Derecho).

El grueso de la producción académica y de los docentes de FCS se ubican en posiciones en un espectro que va desde el progresismo moderado hasta el liberalismo conservador. Las visiones tecnocráticas campean, el desprecio al “sesentismo” es un lugar común y la teoría crítica es activamente despreciada. En el campo de la ciencia política, por ejemplo, un nuevo campo de investigación se ha dedicado a demostrar el vínculo entre el desarrollo de la disciplina y un liberalismo prosistémico. Tampoco en sociología ni en economía la producción y la docencia son, salvo excepciones, identificables con corrientes de izquierda (trabajo social es la excepción). La teoría crítica, el posestructuralismo, el marxismo, el pensamiento antiimperialista o anticolonial y el feminismo existen, pero son minoritarios en el conjunto de la producción de la facultad. FCS está lejos de ser el centro de adoctrinamiento marxista con el que fantasean las editoriales de El País.

Sin embargo, FCS sí es un espacio importante para la izquierda uruguaya, sobre todo gracias a la organización de sus estudiantes, que traen con su militancia (y también con sus lecturas y preocupaciones intelectuales, muchas veces más variadas y críticas que las de muchos docentes) problemáticas que vienen de los movimientos de derechos humanos, de la diversidad, feminista, ambientalista y de las diferentes organizaciones de izquierda. A través del cogobierno y de alianzas con docentes puntuales, han logrado que algunos de estos temas sean puestos sobre la mesa. FCS es un lugar de discusión democrática, participación política y vínculo con diferentes movimientos sociales, y eso es parte de su riqueza, y específicamente de su riqueza intelectual. La facultad sufriría mucho de no existir estos aportes.

Pero digamos que mis argumentos no convencen y aún se considera a la FCS un espacio dogmático y sesgado a la izquierda, creo que cabe pensar a esa facultad no en términos absolutos, sino relativos. Sería interesante en este sentido comparar a la diversidad de su ambiente intelectual con el de la Universidad Católica, la Universidad de Montevideo o la ORT, estudiando que corrientes prevalecen en cada lugar, con que organizaciones (sociales, religiosas, empresariales) se vincula cada una y cual tiene el mayor problema de pluralismo.

El contexto de esta discusión

En los últimos meses, la FCS estuvo en el centro de varias discusiones públicas. Además de interesarse por la visión de Trajtenberg sobre la facultad, los medios de derecha se han interesado por un cartel que en un baile de sociales buscaba un espacio libre de acoso y avisaba que iba a haber personas identificadas para lidiar con situaciones de acoso, y por el uso de las instalaciones de la facultad por parte de personas que no son estudiantes (y que son pobres). El País, desde mucho antes, sostiene una paciente campaña contra la facultad, insultandola rutinariamente al punto de que en 2015 la Asociación Uruguaya de Ciencia Política llegó a exhortar a sus socios a no colaborar con ese diario.

El amplio arco de los medios de derecha (si se me permite el uso de una palabra tan fuerte), desde Petinatti hasta El Observador, intentó pintar en estos casos a la facultad como un espacio caótico y autoritario, donde no hay lugar para la diversión ni para el pensamiento ni para el estudio, y donde ideologizados fanáticos mandan con mano de hierro, regulando que se piensa y como se baila. La atención dedicada a FCS en los medios de derecha es llamativa, y no es dificil imaginar su motivación.

Es que FCS, aunque no es un espacio donde domine la izquierda, sí es un espacio donde la izquierda puede pensar, organizarse e investigar, al contrario de otras instituciones donde el predominio de la derecha es total. Los medios de derecha tienen un interés en desprestigiar a FCS para promover a sus propios espacios de producción de conocimiento, que estarán felices de recomendar ajustes.

Existe en la derecha (y en el centro), la convicción de que la izquierda goza de una hegemonía cultural y que la derecha es perseguida a través de la imposición de la corrección política. Basta prender la televisión o la radio, o hacer un repaso de lo producido por los diferentes espacios de producción de conocimiento en el país para descartar esta idea. La izquierda en Uruguay es minoritaria (estamos, según Amparo Menéndez-Carrión, en un momento-frontera en el que se está estabilizando una hegemonía neoliberal), por algo los argumentos de que el Frente Amplio tiene que "correrse al centro" para ganar las elecciones tienen tanta fuerza. Claro, hay quienes creen que el poder del Frente Amplio y del gobierno implican una hegemonía de posturas de izquierda. Ojalá...

No deja de ser irónico que quienes se rasgan las vestiduras denunciando supuestas censuras e imposibilidades de debatir sean rápidamente replicados en la prensa, desmintiendo en ese mismo acto la censura. Es ilustrativo que una nota publicada por la antropóloga Luciana Scaraffuni en el mismo blog que la nota originial de Trajtenberg con la posición contraria encontró nulo eco en los medios que cubrieron de manera entusiasta a las opiniones del sociólogo. Da para pensar en quienes son los verdaderos censurados.

La cloaca

La nota de Trajtenberg se titula "La universidad, la izquierda y el debate: porque no parece tan buena idea operarse en una cloaca". La cloaca vendría a ser una situación en la que las creencias de los investigadores infectan a su investigación. O una universidad en la que no se pueden decir cosas de derecha sin que nadie te diga facho (una universidad en la que se burlan de la izquierda por sesentista, por supuesto, no es un problema).

No creo que la única forma de lidiar con las ideas políticas de un intelectual sea la antisepsis. Suelo preferir el autoconocimiento antes que la autocensura, y más que intentar aislar el pensamiento político del científico, creo que se deben interrogar mutuamente. Comprendo el miedo al dogmatismo cuando las ideas políticas se imponen sobre la ciencia, pero creo que se subestiman los peligros de que conocimientos considerados objetivos en un momento dado legitimen posiciones inaceptables políticamente. Es necesaria tanto una discusión científica de la política como una discusión política de la ciencia.

Pero a pesar de esta diferencia, que seguramente me hace un chanta anticientífico a los ojos de Trajtenberg, empatizo con el llamado a mejorar la calidad de la discusión. Es cierto que mucha gente de izquierda tiene el facho fácil, pero también es cierto que muchas veces positivistas y liberales (especialmente los entrenados en el norte) son arrogantes y prefieren acusar a los demás de ineptos y dogmáticos en vez de efectivamente responder a lo que dicen. Es responsabilidad de todes encontrar mejores formas de enfrentar esta situación y tener discusiones que valgan la pena.

Comentarios

  1. A la lista de la información selectiva de El País sobre FCS, precisamente de sociología, se podría agregar la editorial sobre el cierre del congreso ALAS donde se confundieron​ eventos y se trataron como igual cosas distintas...un escenario que no existió fue pretexto para la diatriba. Un simulacro más de El País.

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