algunos apuntes para pelear contra el fascismo
Estos puntos son
apuntes muy preliminares de cosas que estoy pensando, en conversación
con muchas personas, sobre la situación política actual. No están
debidamente argumentadas, pero esperan ser disparadores de
conversaciones sobre como actuar en esta situación. Espero que
puedan ser útiles. Voy a seguir escribiendo e investigando sobre el
tema, pero creo que la situación es tan urgente que se hace
necesario difundir pensamientos preliminares, aunque sean
imperfectos.
1. La ultraderecha
cuenta con la confusión, y con que no van a ser desenmascarados. Se
presentan como representantes de la legítima ira popular, cuando en
realidad son una pequeña minoría que responde a élites
empresariales y militares. Develar, publicitar y atacar a estas
élites es la primera tarea.
2. La crítica de
su discurso tiene que apostar siempre a mostrar como detrás de la
pose religiosa, comunitarista o nacionalista, hay un brutal
individualismo competitivo que va a dejar a la gente aún más
solitaria y desamparada, un empoderamiento de los ricos que va a generar muchísima más corrupción, una apelación a la represión que va a
empeorar muchísimo la violencia y un discurso
competitivo/exitista/empresarial que viene directamente desde los
centros de poder capitalistas.
3. Para que esta
crítica sea efectiva, es necesario demostrar e insistir públicamente
con que esos intereses capitalistas son los culpables directos de los
problemas que tenemos, sean la destrucción ambiental, el déficit
democrático, la miseria, la corrupción, la soledad, la violencia.
4. Necesitamos
aferrarnos con uñas y dientes a la idea de democracia y usarla
contra ellos, y demostrar que ni los neoliberales son demócratas
(son plutócratas que quieren atar de manos a la democracia) ni la
ultraderecha es populista (es autoritarismo que asalta el poder con
la mentira y la fuerza). La democracia es la conquista del poder por
parte del pueblo, contra la oligarquía y contra la tiranía.
5. Tenemos que
militar. La fuerza de ellos no está solo en los medios masivos de
comunicación ni en el capital. Tienen iglesias para entrar en los
barrios y cuentas truchas en las redes sociales para hablarle
directamente a la gente. Su estrategia no es de arriba a abajo, sino
de arriba a abajo a arriba, es decir, crean demanda “desde abajo”
para sus propios intereses. Solo estando en los barrios, en las redes
y en todos los espacios se puede contrarrestar esto.
6. Para esto hay
que rediseñar las formas de militancia de izquierda y politizar la
discusión sobre los espacios de participación. Hay que pensar
organizaciones capaces de crecer, con el objetivo de que estar
organizado políticamente sea parte de la vida cotidiana de mucha
gente. Para eso hay que crear espacios amables y habitables, donde se
pueda estar de muchas maneras diferentes.
7. El hecho de que
la ultraderecha se abrace al nacionalismo es una oportunidad
excelente para enunciar un discurso internacionalista, antiracista y
tercermundista. Pero esto no significa olvidar lo nacional o lo
local, sino articularlo en una narración que los una. Si asumimos un
nacionalismo cerrado estamos ayudando a su estrategia. Atacar los
discursos de la ultraderecha sobre la nacionalidad y la raza es
fundamental, pero no oponiendoles el liberalismo individualista ni el
cosmopolitismo globalizador, sino una perspectiva de cercanías y
amistades en todas las escalas. Y no solo crear un discurso
internacionalista, sino caminar lentamente hacia la construcción de
organización política trasnacional.
8. Existe mucha
producción intelectual de excelente calidad sobre estos temas, y es
necesario leerla y “traducirla” a discurso político. Los
intelectuales tienen un rol fundamental e insoslayable. Hay biólogos
que saben la magnitud del peligro ambiental, ingenieros que saben
como operan las multinacionales, economistas que saben quien tiene la
plata y para que la usa, publicistas que conocen las técnicas de
manipulación, críticos literarios que pueden entender a que
intereses y contexto responde cada artefacto cultural. No usar el
conocimiento del que se dispone como arma contra el fascismo es
acelerar su victoria.
9. La ultraderecha
actual, como todos los fascismos, tiene una aguda noción de la
importancia de la historia para narrar el presente y dar una visión
de lo que está en juego. Todo el tiempo hablan de la Unión
Soviética, renarran las dictaduras, crean símbolos. Necesitamos de
manera urgente una historia verdadera y documentada, pero fácil de
leer y clara en los grandes trazos del proceso político, los actores
y sus intereses, y como esa historia nos trae al presente y a lo que
está en juego.
10. La cuestión
de género está en el corazón del discurso de la ultraderecha. La
idea de familia nuclear con una clara división del trabajo entre
hombres y mujeres, el rechazo a la homosexualidad y la fluidez
identitaria, y el nerviosismo con la libertad de la mujer son el
núcleo duro de la adhesión a estos proyectos. Este conservadurismo
familiarista no se entiende a si mismo como fascista, sino como
simple amor paternal, filial o conyugal, que implican una idea de la
buena vida. Hay que revertir esta máquina de transformar amor en
odio, y generar un discurso que proponga relaciones afectivas libres,
igualitarias y no jerárquicas, pero enfatizando que se trata también
amor, de comunidad y de solidaridad, y no de individualismo ni
resentimiento.
11. Tenemos que
politizar la vida cotidiana, porque ese ese es el último reducto del
fascismo. Si vivimos vidas autoritarias, jerárquicas, violentas,
explotadoras, individualistas, si albergamos dentro nuestro odio al
diferente y al cinismo sobre la posibilidad de cambio, nos sentiremos
aludidos cuando se ataque al fascismo, y al defendernos nos
volveremos sus cómplices.
12. La derecha
siempre busca aislar a la izquierda y presentarla como rara. Pero la
izquierda no puede reaccionar intentando normalizarse, soltándole la
mano a los raros. Porque a los raros aislados, la derecha los
destruye fácilmente. Tenemos que tenerle paciencia a los
experimentos y los devenires que no entendemos, tenemos que ser
solidarios con los que buscan inventar algo que todavía no existe,
tenemos que respetar a quienes dan luchas que no son exactamente las
que elegiríamos. Y defenderlos cuando los atacan. Esta no va a ser
una gran lucha dirigida por un comité central, sino un ataque
coordinado pero impredecible.
13. Nos van a
atacar por separado. Un día van a ir contra los partidos de
izquierda, con la excusa de la corrupción. Otro, contra los
sindicatos, con la excusa de la productividad. Otro, contra los
barrios pobres, con la excusa de la inseguridad. Otro, contra las
feministas, con la excusa de la familia. Otro, contra las minorías,
con la excusa de que la gente se cansó de la política identitaria.
Otro, contra los ecologistas, los indígenas y los campesinos, con la
excusa de que retrasan el desarrollo. A menudo, van a atacar a
individuos y a pequeñas organizaciones sin el poder de fuego
mediático capaz de responder individualmente. Ante cada ataque
tenemos que responder juntos, cada uno de la manera que pueda y considere la mejor.
14. La Tercera Vía
y el Progresismo implicaron negociar con la reacción neoliberal en
el terreno económico, al mismo tiempo que se asumen discursos
críticos en las cuestiones llamadas sociales o culturales. Ante el
agotamiento de esta estrategia, algunos proponen la estrategia
contraria: ceder a la reacción en temas culturales y sociales para
construir un frente que pueda avanzar en temas económicos. Esta es
una forma completamente miope de ver la cuestión, que va a tener las
mismas consecuencias catastróficas que tuvieron las concesiones
progresistas, solo que en el otro terreno.
15. El feminismo,
el antiracismo, el movimiento de la diversidad sexual no solo son
importantes en si mismos, sino que plantean aperturas estratégicas
imprescindibles para la crítica del fascismo y el avance sobre el.
El internacionalismo de esas luchas, su creatividad para forjar
nuevas militancias y su forma de hablar a la experiencia directa de
mucha gente son imprescindibles. Es imposible derrotar al fascismo
sin la fuerza de estos movimientos. La ultraderecha tiene muy buenas
razones para odiarlos.
16. La izquierda
tradicional tiene un rol fundamental en esta pelea, y eso incluye a
los partidos, los sindicatos y otras instituciones. Tanto para
disputar el poder estatal como para estar en los lugares de trabajo y
para difundir ideas y organizar solidaridad. Estos espacios no tienen
que ser abandonados, sino potenciados y puestos en contacto con el
deseo de transformación y organización que motivó su creación.
17. La victoria
fascista en la primera vuelta de las elecciones brasileras generó un
diagnóstico inmediato: esto es culpa de la izquierda, sea el PT, el
feminismo, el movimiento negro, el movimiento obrero, Lula o lo que
sea. Pero Lula está preso, el nordeste negro y las mujeres fueron el
principal bastión electoral contra el fascismo, y el movimiento
obrero está en la calle peleando. Cuidado con odiar a los que
intentaron y no lo lograron, y con que esto nos lleve al cinismo y la
atomización. Cuando el peor enemigo está a punto de triunfar,
gastar energía odiando a los que pelean contra el por no lograr
ganar es una frivolidad. Los que hacen eso son una versión actual de
los que se pasaron todos los 80 y los 90 pidiendo “autocrítica”
a la izquierda por “causar” la dictadura con sus luchas de los
60, y nunca responsabilizabilizando a la propia dictadura por sus
masacres.
18. Porciones de
la izquierda fueron cómplices de una manera o de otra de todo tipo
de fenómenos que colaboraron con el estado actual de la situación.
Sea por cálculos tácticos equivocados, ignorancia, incapcidad,
corrupción o apuro. A veces se confió en quienes no se tenía que
confiar. A veces, en situaciones sin buenas opciones, se hicieron
cosas terribles. En el intento de mantener niveles de vida dignos
para la mayoría, se cedió ante los inversores. Por presiones
mediáticas y errores idelógicos, se engordó el aparato represivo
del estado. Es fundamental aprender de las derrotas, pero eso tiene
que hacerse con inteligencia, pensando muy bien antes de acusar a
alguien de traidor. Y aún si lo fuera, eso no exime de entender que
relaciones de fuerza provocaron esa traición, ni de aprender
lecciones políticas de esas situaciones que no se reduzcan a juzgar
defectos morales de las personas.
19. El
neoliberalismo penetró profundamente en la sensibilidad, la
imaginación y la forma de hacer las cosas de una parte de la
izquierda. Eso tiene que ser criticado y revertido. Pero con
inteligencia. Tenemos que saber diferenciar al neoliberalismo y al
capital de los números, la ciencia, el razonamiento instrumental o
la economía. No alcanza con decir “tal cosa es neoliberal”, hay
que poder entender por que, como llegó a ser eso e imaginar alternativas, en cada campo.
19. La
ultraderecha tiene a la confusión, la manipulación y la
segmentación de mensajes como principal herramienta. Miente
sistemáticamente, y monta operaciones en las que cualquiera puede
caer. Es necesario dudar de uno mismo y entender que todos somos
vulnerables a la propaganda. Pero podemos hacer cosas al respecto,
sobre todo chequear las informaciones por nosotros mismos, tener en
cuenta las orientaciones de los medios en los que nos informamos,
preguntarle a gente que sepa más que nosotros a nuestro alrededor, y
sobre todo, en este tiempo de hipervelocidad, ser lentos y reflexivos
antes de asumir como verdadera y propagar una información. No hay
que creerle a los fascistas.
20. Esto no quiere
decir encerrarse en un tupper. Hay que leer medios de todas las
orientaciones, estudiar el pensamiento de los contrarios, aprender a
transitar situaciones ambiguas sin estallar de bronca o impaciencia.
A veces la derecha sabe cosas que nosotros no, y siempre podemos
aprender de hablar con los otros, incluso (especialmente) si están
equivocados.
21. Otra gran
táctica de la ultraderecha para la propagación de sus ideas se
llama incorrección política. Dicen cosas espantosas y trasgreden
deliberadamente las normas de relacionamiento para llamar la
atención, lograr respuestas destempladas y victimizarse. De paso,
hacen decibles en el espacio público cosas que, con absoluta razón,
habían sido enterradas. Cuando son atacados por las barbaridades que
dicen y hacen, se presentan a si mismos como víctimas y perseguidos.
No hay que darles lo que buscan, ni difusión, ni plataformas, ni
polémicas. Cuando se los critique, hay que cuidarse de no hacerlo de
maneras que los beneficien, y cuando amenacen con ponerse violentos,
tienen que ser denunciados y contrarestados.
22. La
incorrección política muchas veces se vale del humor. Cada uno
puede reírse de lo que quiera, y no siempre tenemos que ser la
versión más recta y perfecta de nosotros mismos. Pero si alguien
está todo el tiempo riéndose de los militantes y el feminismo, y
repite todos los lugares comunes de la derecha, convendría que se
pregunte que es lo que le hace tanta gracia.
23. Hay que saber
distinguir entre un enemigo y un amigo equivocado. Esto no quiere
decir que no haya que discutir con este último, pero si lo hacemos
como si fuera un enemigo, lo único que vamos a lograr es tener cada
vez más enemigos.
24. Necesitamos
confiar en la gente. En los demás individualmente, y en el pueblo
colectivamente. Las masas espontáneamente fascistas y sedientas de
sangre son un mito liberal. A los fascistas les cuesta mucho dinero y trabajo crear y
recrear legitimidad para su proyecto. La tiranía nunca es de las
mayorías, sino de minorías que logran montar campañas de
intimidación y simulacro que logran movilizar lo peor de gente que
en otra situación puede ser perfectamente decente. Tenemos que
tomarnos el tiempo de tener discusiones profundas, no tratar al otro
como una caricatura, y no ser nosotros la caricatura que la derecha
quiere que seamos. Y tenemos que poder diferenciar entre el fascista
que bombardea mentiras y violencia, y la gente que cae en la trampa.
25. Nada de esto
es fácil, y requiere paciencia, tolerancia a los errores propios y
ajenos, tiempo que no siempre tenemos y el riesgo de apostar a
soluciones genuinas y de largo plazo en vez de cortoplacistas y
estridentes. Estos puntos son apenas ideas a tener en cuenta. Lo
último que buscan es generar una demanda superyóica que genere
culpa y parálisis.
26. A ellos no les
importa destruir la tierra quemando petróleo. Y no les importa que
la democracia desaparezca de la faz de la tierra si eso hace subir un
par de puntos la bolsa. Predicen un futuro posthumano de superhombres
y zombies. Nos quieren matar a todos, y quizás tengan los medios
para hacerlo. Ya lo están haciendo. Es necesario organizarse para la
autodefensa, física y digital (no hay que olvidar su capacidad de
espiar a través de los archivos que dejamos con nuestros
smarthopnes).
27. El objetivo
sigue siendo un mundo y una vida distintas. Y ese objetivo está
mucho más cerca de lo que parece. La política cambia mucho más
rápido de lo que los gradualistas piensan. Cada generación de los
últimos 300 años vio revoluciones triunfar y fracasar, imperios
conquistar y desaparecer, verdades absolutas refutadas y olvidadas.
Ellos están apelando a la violencia no porque son fuertes, sino
porque son débiles.
28. Participar de
manera decisiva en esto está al alcance de todas y cada una de las
personas que existen sobre la tierra.
Muy bueno ... Salud
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