dónde discutir con la reaccción

¿Qué tienen en común micropolíticamente todos los discursos reaccionarios? Que postulan que alguien está por encima, y que eso es bueno. Por encima de los demás, de la muchedumbre, de las leyes. Quizás incluso por encima de la verdad. ¿Qué es el trasvalorador de los valores nietzscheano? Alguien que está por encima de la moral de la chusma y crea una propia. ¿Qué es un emprendedor schumpeteriano? Alguien que no se rige por las leyes del mercado, sino que crea algo de tal manera que es el mercado el que se tiene que adaptar a el. ¿Qué es un soberano para Schmitt? Es alguien que está por encima del derecho, y que puede suspenderlo e imponer un estado de excepción. Nótese que en los tres casos se trata de individuos, cuya libertad implica separarse de quienes están por debajo. La creatividad, para ellos, nunca es algo colectivo, y nunca implica liberarse de quienes están por arriba. Así, la libertad de los reaccionarios es una libertad jerárquica.

Para la derecha las cosas son fáciles, pero la izquierda no tanto. Para la derecha, la jerarquía (es decir, la desigualdad, y los mecanismos que crean desigualdad, como la competencia) no solo es deseable, también es eficiente o potente. El problema es que la izquierda es contraria a la jerarquía (es decir, partidaria de la igualdad), y si bien puede pensar que la igualdad es deseable, siempre va a ser difícil convencerla de que además es más eficiente o potente que la jerarquía. Y esto es un problema, porque si hubiera una desventaja estructural en la lucha entre lo igualitario y lo jerárquico, la derrota sería inevitable. Y ahí es donde entra el problema de la vanguardia, con todos los problemas que eso trae, incluido que la idea de que la jerarquía es eficiente es muy conveniente para quienes mandan adentro de la izquierda. Pero también entra el problema de la gestión, presentado como en que medida trasladar a la política (y la vida) los métodos empresariales (o militares) de gestión. Para algunos, este es el único camino para la victoria, para otros, una derrota antes de empezar. Para otros, ya plantear el tema en términos de gestión es una derrota, aunque más derrota sería decir que no es posible pensar que las cosas podrían efectivamente hacerse de otra manera, que además sería mejor.

Pero hay un problema adicional, y es que el modelo reaccionario de libertad tiene algo que no podemos desechar del todo. Porque hay momentos en los que un individuo que se separa de quienes tiene alrededor puede crear cierta potencia revolucionaria.Y si bien los liberales suelen usar cínicamente el argumento de la tiranía de la mayoría para defender privilegios, nadie puede negar que los colectivos, incluso los democráticos, pueden ser tiránicos.

Estos problemas no se solucionan fácilmente, e implican meterse en los detalles y en la práctica. Pero si no logramos disputarle a la derecha en ese núcleo ideológico, no solo va a ganar las discusiones, sino que también nosotros vamos a repetir sus argumentos sin darnos cuenta. Y nos vamos a olvidar de que por más que nuestro narcisismo nos haga pensar que somos mejores que los demás y por lo tanto tenemos que liberarnos de ellos, más bien de lo que tenemos que liberarnos es de la idea de que podemos no necesitarlos. Porque el mundo es uno solo y todos estamos hechos de las mismas cosas. Nos aplican las mismas leyes de la física y las mismas leyes de la política. Y nadie es mejor que nosotros. No es mejor ni el super trasgresor, ni el gran emprendedor, ni el soberano. Y además, si vamos a hablar de potencias, tenemos que pensar que nada va a ser más potente que la trasgresión, el emprendimiento o la soberanía de los muchos.

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