la denuncia de las ciencias sociales realmente existentes

Este texto es una transcripción estilizada de mi intervención en la presentación del libro "Ver más allá de la coyuntura" de Alfredo Falero, que sucedió el jueves 21 de abril en la sala de conferencias de la Facultad de Ciencias Sociales.

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Siempre las presentaciones de libros son eventos muy alegres, esta no es la excepción. Nos juntamos a hablar de un libro, entonces este es un evento pseudo-académico, pero es también una celebración: del libro, y también de Alfredo. Estoy muy agradecido y honrado por estar en esta presentación. Alfredo es un docente, un investigador, un intelectual comprometido, un sociólogo riguroso. Cercano a la realidad y lejano a las modas intelectuales y a los lugares comunes del sentido común progresista. Pero sin, por estar del otro lado de ese sentido común, marearse políticamente, como otros que queriendo estar en contra del progresismo terminan con compañías muy extrañas.

Pero no venimos principalmente a hablar de Alfredo, sino del libro. Que es un libro radicalmente actual pero que no está obsesionado con ser actual, sino que, como su título lo dice, busca pensar más allá de la coyuntura. Piensa en una temporalidad larga. Y tiene unas cuantas cosas que se agradecen, por lo menos que yo las agradezco.

Por un lado, un tono, una forma de escribir. Política, que por momentos tiene un tono de manifiesto. Habla de izquierda, de derecha, de imperialismo. De cosas que no se hablan tanto en las ciencias sociales. Y por otro lado, este libro es una defensa de la teoría, cosa que en esta facultad no es tan usual. No es que la teoría esté proscrita, pero no está especialmente bien vista como trabajo académico. Entonces que alguien se tome el trabajo de escribir un libro defendiéndola es algo que se agradece.

Este libro es, entre otras cosas, una acusación contra la academia de las ciencias sociales, especialmente desde la sociología. Después de trabajar muchos años en esta facultad, Alfredo conoce muy bien cómo funcionan las cosas, entonces conviene escuchar sus acusaciones. Además, yo también trabajé acá unos cuantos años, y a esas acusaciones puedo salirles de testigo, tranquilamente. Entonces, el que quiera oir que oiga.

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El libro es una especie de greatest hits de Falero. Pasa por sus diferentes temas de investigación: los ciclos de lucha, los sujetos colectivos, el pensamiento crítico, el emprendedurismo, la cuestión centro-periferia, el noreste de montevideo, los enclaves territoriales, la revolución informacional. Los temas que quienes hemos leído la obra de Alfredo, y la hemos estudiado y la hemos admirado reconocemos. Son temas que han salido en otros libros, en artículos, los vemos ahora más articulados, más juntos, con un tejido conjuntivo que los une, y con la narración de una trayectoria en la que estos temas se van elaborando de una forma orgánica, sin quedar, como suele pasar en la escritura académica, atomizados en un paper por allá, una charla por acá, etc. Cuando uno mira la bibliografía, están citados los textos de Falero donde estos temas se elaboraron inicialmente, por lo tanto este libro es un muy buen lugar para acercarse a su obra. Y esto es muy bueno porque a menudo la obra de académicos importantes queda dispersa, en parte porque los estímulos del trabajo académico muchas veces estimulan esta dispersión.

Este es un libro que da muchas discusiones políticas de forma directa, y saca conclusiones tajantes. Voy a dar un ejemplo, es una cita (voy a leer bastantes citas hoy) en la que está hablando sobre los 60, y dice: “En ese contexto existía un peso mayor de las fracciones industriales del capital y la capacidad de regulación de los Estados-nación podía permitir ensayos nacional-desarrollistas. Tal proyecto ya no es posible”. Y yo quedé impresionado: ya no es posible. No sé si estoy de acuerdo con la conclusión, pero es importante que alguien lo diga directamente para poder discutirlo. Y como esta hay muchas. Muchas discusiones importantes que nos debemos, y en las que ciertos automatismos sobre cuales son las posturas que tomar. Una de las gracias del pensamiento crítico es decir que capaz que eso que capaz que eso que quisiéramos que pase no es tan probable, y tenemos que buscar otros caminos.

Y esa es una virtud política del libro, no solamente científica. Y en ese sentido Falero se hace muchas preguntas prácticas. Intentando dar cuenta de la situación en la que estamos, pero no desde un registro propiamente político, sino sociológico. No piensa desde la coyuntura, sino, como dije ya desde tiempos largos, secuencias de luchas y ciclos históricos. En un pensamiento que no es en sí mismo estratégico, pero que es condición de posiblidad para quienes queramos tener un pensamiento estratégico. Entocnes eso se agradece también.

Falero piensa en los procesos sociales desde los conflictos, desde la historia intelectual, y desde cuestiones que hacen a nuestra situación: la propiedad de la tierra, la geopolítica, la revolución informacional, los cambios globales de hegemonía, la inestabilidad sistémica. Esas cosas que si bien no son las que salen en el informativo de la noche, son las que están pasando. Y que son sobre las que tenemos que hablar, entre otras cosas.

Siempre son importantes los intentos de pensar la situación en la que estamos de forma articulada. El estilo narrativo de Falero, si bien es el de las ciencias sociales, tiene abundantes momentos en los que el autor aparece hablando directamente de su recorrido, de su experiencia en el aula, de sus observaciones sobre las trayectorias de los estudiantes. Y que también, en esta lógica de acumulación que tiene el libro, en la que pasa por los distintos momentos de su obra, hay una bibliografía al final del libro (como es costumbre) que es en sí misma un trabajo intelectual: aparecen Becker, Dardot y Laval, García Canclini, Wright Mills, Germani, Rostow, Marini, Aníbal Quijano, Boaventura Souza Santos, Saskia Sassen, Schumpeter, Mignolo, Antonio Negri, David Harvey, Samir Amin, por decir algunos. Hay acá un mapa de lecturas que ya en sí mismo nos dice un montón de cosas sobre el campo de la teoría sociológica y el pensamiento crítico. Acá tenemos ordenada una posible agenda de lecturas. Cosa que no siempre es evidente. Porque como el pensamiento crítico no siempre es hegemónico en las ciencias sociales, a veces uno necesita ayuda para saber qué leer. Bueno, acá hay una agenda de lectura. Y si bien este no es un libro de historia de la teoría, si es un diálogo con un canon implícito.

Creo que si Falero se lo hubiera propuesto, pero también así como está, el libro bien podría ser un material de referencia para cursos de introducción a la teoría social o a la socilogía, por lo tanto tomen nota docentes presentes sobre la utilidad del libro.

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Pero lo que a mi más me interesó (no digo que sea lo más interesante, apenas que fue lo que más me interesó a mi) es que el libro trabaja en un contrapunto permanente con las ciencias sociales realmente existentes. Es un ataque furioso a la sofisticación sin sustancia, a hablar de variables que parecen existir en el mundo de las ideas, al ritmo altísimo de producción de publicaciones hiper-perecederas, a los académicos obsesionados con que los citen, a la hiperespecialización. Y leyendo yo pensaba: qué bien que alguien esté hablando de esto.

Y se mete, por estas mismas razones, pero también por otras más luminosas, en la vida cotidiana de las ciencias sociales. ¿Cómo se hace un marco teórico? ¿Qué es un buen o un mal marco teórico? La experiencia en el aula, la formación de grupos de investigación... Estas cosas no son el tema del libro, pero aparecen en chispazos.

Contra la deshistorización que cunde en las ciencias sociales, Falero busca una historización de la sociología, mostrándola como un campo en disputa. Mutante y mutable historicamente. Una cita: “Si se considera la producción reciente latinoamericana en ciencias sociales, se puede partir del supuesto de que resulta actualmente abundante pero poco creativa comparada con lo que aportó la región en otros contextos pasados”. Este es un diagnóstico contrahegemónico respecto a una las narraciones que hablan del crecimiento de estas disciplinas.

¿Cuál es este “contexto pasado” del que habla Falero? Los 60. Que al contrario de en los discursos dominantes, no aparecen acá como un momento de grisura o de bajada de línea, sino como un momento de creatividad desbordante. Otra cita: “las luchas sociales impulsan la construcción de conocimiento creativo. La América Latina de la década de 1960 fue uno de esos contextos sociales de producción del conocimiento. Aunque suena paradójico, los centros académicos presentan enormes resistencias a impulsos creativos y tienden a llevar a lógicas de inteligencias capturadas, es decir, potencialidades enormemente limitadas y puestas a trabajar en la conservación de lo existente naturalizado como ’lo posible’. Pero cuando intervienen contextos sociales más amplios predispuestos al cambio, el arrastre, sin embargo es inevitable”. Un poco de optimismo.

Falero habla también de las disputas político-burocráticas en la academia. Otra cita, que es del capítulo sobre Giovanni Arrighi: “Perry Anderson (2010) recuerda que en Italia las universidades permanecieron arcaicas y subfinanciadas y muchos de sus departamentos fueron presa de intrigas y “clientelas”, lo que llevó a la diáspora de figuras intelectuales clave hacia el extranjero. Seguramente un comentario aplicable también fuera de Italia y que ayuda a reparar en los espacios sociales de construcción del conocimiento y en los bloqueos y posibilidades que se generan”.

También acá hay un comentario sobre la división internacional del trabajo científico y teórico. Tema que aparece varias en el libro. Y también sobre las condiciones de trabajo, porque un científico social no deja de ser un trabajador. Otra cita: “Sobre las condiciones de producción podría hablarse extensamente, pero siempre caben elementos como los siguientes: intereses que se desenvuelven por detrás del producto recubiertos como objetivos de conocimiento, compromisos de grupos poder académico que llevan a la autocensura del espacio social en que se trabaja, dependencia salarial de agencias superestructurales que terminan definiendo lo que es “científico” de lo que no los es y por lo tanto repartir premios y castigos, y así se podría seguir”.

No piensen que todo el libro es así. De algún modo, estos momentos de crítica de la academica están tejidos, casi camuflados en un libro que es sobre otros temas. Pero casi que uno podría agarrarlos y hacer un panfleto sobre el estado de las ciencias sociales. Cosa que no es lo que el libro hace, aunque quizás es lo que a mi me gustaría hacer con estas citas.

Sin embargo, Falero también escribe con un gran cariño hacia el trabajo académico. Que, como muchas veces pasa con el cariño, a veces se transforma en exasperación. Otra cita: “La paradoja es que justamente cuanto más necesaria se vuelve esa función de la teoría social, en cuanto guía ordenadora y filtro de selección de información, es cuando más débiles se vuelven las condiciones sociales para su producción”. Es decir, Falero está pidiendo desesperadamente que el trabajo académico suceda. Y da algunos consejos, en este caso parafraseando a Bourdieu: “Bourdieu ha dicho que hay más que ganar enfrentándose a objetos nuevos que enredándose en polémicas teóricas que no hacen más que alimentar un metadiscurso autoengendrado y con demasiada frecuencia vacío a propósito de conceptos tratados como tótems intelectuales”.

Es decir, tampoco se trata de una fetichización de la teoría por la teoría. La respuesta que da Falero a estos problemas es la teoría crítica. Cosa que es discutible. La teoría crítica a veces puede volverse claustrofóbica, por las razones de la cita que leí recién. Pero a ese problema Falero también ofrece una salida, que es la acción de los sujetos colectivos. O sea, es una teoría que está en vínculo, en diálogo con estos sujetos, pero que no necesariamente hace seguidismo de ellos.

En este trabajo teórico hay algo muy frankfurtiano, aunque no haya muchas citas a la Escuela de Frankfurt. Hay una fuerte crítica a la racionalidad instrumental, oponiéndole una calidad artesanal del trabajo. Cosa que también es discutible. Habría que ver cual es el lugar de ese trabajo artesanal en una época de big data, de nuevas técnicas. ¿Cómo lo hacemos?

Voy a dar un ejemplo de esto: el tema del emprendedurismo, el management, el liderazgo. Son temas que Falero trabaja en profundidad. Y el lo hace desde la crítica, una crítica que muchas veces como si fuera pares, como si fueran colegas: los acusa de falta de rigor, les muestra las inconsistencias, etc. Pero hay momentos en los que no los termina de tomar como objetos, sino como discursos rivales sobre como funciona la sociedad. Porque el objetivo del estudio de un objeto no es refutarlo. Y eso tiene sus limitaciones. Podrían encontrarse otras maneras de relacionarse con estos discursos. ¿Qué otras maneras hay de interrogar a la literatura de la gestión? ¿No será que además de criticarla tenemos que buscarle otros reversos? ¿Darla vuelta, usarla? Las discusiones que la teoría de la gestión da sobre las emociones, el rendimiento, el deseo, las formas de organización, ¿nos son totalmente ajenas, por ejemplo cuando queremos administrar una facultad cogobernada? ¿Alcanza con decir que el pensamiento sobre la gestión y el liderazgo son pensamientos son rigor y que son ideológicos o que tienen que ver con ciertos patrones cognitivos? ¿Es posible pensar desde abajo?

Estas son preguntas que me hacía mientras leía. Estas cuestiones también valen para pensar la interna de las ciencias sociales. Digamos que hay que luchar contra cierto positivismo obsesionado con ciertas formas estereotipadas de trabajar y pensar. ¿Pero en esa lucha, es posible proponer una nueva síntesis? Falero propone la necesidad de acercarse a la historia, la filosofía, la política. Bien, ¿pero como nos acercamos a la biología, la ecología, la informática? O para pensar el cambio climático, con la física, las ciencias de la atmósfera, la geología, la historia del planeta y vaya uno a saber qué más. Creo que hay condiciones para hacerlo, aunque no sea fácil. Lo cual nos lleva a la pregunta sobre las fronteras entre sociología, teoría social, ciencia social, ciencia a secas. ¿Dónde están bien las fronteras? Falero se toma el trabajo de elaborar el tema, pero hay cosas ahí que yo no termino de tener resueltas.

Hay un tema que recorre el libro, que es inquietante, que el libro no lo termina de decir directamente, pero que podríamos decir más o menos así: estamos en una especie de momento escolástico en las ciencias sociales. Cuando una disciplina o un campo intelectual o incluso la institución académica como tal llega a ciertos niveles de sofisticación, lo que produce es un conocimiento autocentrado con un conocimiento hipertécnico que se aleja de la realidad, lo cual habilita la posibilidad de que el conocimiento aparezca por otros lados. Y por eso a Falero le interesan tanto los sujetos colectivos, y la disputa política y social.

Y por eso también el ejemplo de los 60. Cabe recordar que muchos de los principales intelectuales de ese entonces trabajaban en los partidos políticos, la iglesia, la prensa y no necesariamente o no solamente en la universidad. Lo cual lleva a muchas preguntas sobre el presente: ¿Dónde podríamos hacer este trabajo? ¿Qué tipo de alianzas podríamos hacer entre los diferentes espacios? ¿Qué formas de trabajo podrían desprenderse de esas alianzas?

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El autor de este libro es un docente. Yo, estando fuera de la universidad, puedo recordar el malestar, los momentos de lejanía de la búsqueda del conocimiento, la burocracia insoportable, las lógicas de competencia. Leer este libro hace que uno se sienta muy aliviado de ver esto escrito. Y escrito por alguien que tiene la autoridad para escribirlo y publicarlo.

¿Pero qué hacemos con esta denuncia a la que le estoy saliendo de testigo? Falero deja hecha una crítica al mainstream. Y esa crítica queda hecha. Entonces quienes vengan atrás no ya no la tienen que hacer. Lo que hace que haya un aire un poco más ligero. Se puede citar a Falero (2022) y listo, seguimos con la vida. Podemos así pensar emancipadamente, sin estar atrapados en las marañas que Falero describe. Y eso, nuevamente, hay que agradecerlo.

Pero lo central, siempre que uno habla de crítica, no es lo que hay que dejar atrás, sino como en el acto de dejar eso atrás se habilitan otras cosas que podemos hacer. La universidad pública, felizmente, va a seguir acá. Y nosotros vamos a seguir molestando. Y en este libro, si bien no está desarrollado, hay un programa implícito de reforma universitaria. Porque siempre que alguien dice lo que funciona mal, uno puede sospechar como piensa que podría funcionar.

Otra cita: “la necesidad de liberar al lenguaje de las ciencias sociales de prisiones que no lo habilitan a colocarse con capacidad de dar cuenta de problemáticas que van emergiendo”. Es decir, las ciencias sociales tienen que ser liberadas. Ya que estamos hablando de los 60. No tenemos que liberar a otros, tenemos que liberar a otros, sino a nosotros mismos. Aparece el tema de la emancipación del científico social. Falero no abunda en como sería eso, pero principio tienen las cosas.

Otra cita: “Una imagen que se podría emplear cuando se está en la construcción de un marco teórico es la del viajero, con una dirección general, pero, al mismo tiempo, con algo de errante, de explorador para internarse por otros caminos, aunque con la capacidad de volver a esa dirección general, y es justamente aquí donde puede aparecer la creatividad teórica. Es decir, por momentos tiene un camino trazado, por momentos se deja llevar, en algunos tramos descubre algo inexplorado, en otros sigue el sendero abierto por otros”.

Si bien esta cita es de un capítulo bastante específico, sobre la cuestión de los marcos teóricos, a mi me pareció una linda metáfora sobre la postura hacia la vida o el trabajo que puede llegar a tener un científico social o una científica social emancipada.

Este libro es una celebración, desde la resistencia, del pensamiento, la imaginación, la creatividad (no capturada por un pensamiento empresarial), el pensamiento político y las miradas desprejuiciadas a la sociedad. Nuevamente, es un docente escribiendo.

En estos tiempos de urgencia, en los que tenemos por delante problemas ecológicos, políticos, económicos y sociales realmente urgentes, para los que necesitamos el freno de mano de la revolución del que hablaba Benjamin, necesitamos también (mientras nos mantenemos a flote en los hostiles mercados laborales del pensamiento) el pensamiento, la paciencia, la conversación, la escritura y la elaboración. Y eso es precisamente lo que hace este libro, que fue muy grato leer. Así que muchas gracias Alfredo por escribirlo y por invitarme a prersentarlo.

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