Trías, Methol y la izquierda nacional
Este textos es una versión editada de la transcripción de una charla que di el 28 de julio de 2022 en el evento “A 100 años de su nacimiento, repensando a Vivián Trías”, en la Facultad de Humanidades.
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Buenas noches, estoy muy contento de estar acá. Sin ser historiador ni nada que se le parezca, me gusta estar entre historiadores porque hace mucho estoy convencido de que los historiadores y las historiadoras son quienes mejor han trabajado en el estudio académico sobre la política en Uruguay. Este evento es tan solo un ejemplo: es muy poco probable que se haga una mesa en la que se hable de Trías desde la teoría política.
Lo que voy a intentar hacer en esta charla es separar algunas cosas que son parecidas y aparecen juntas, y sin embargo son distintas. ¿Es lo mismo la izquierda nacional argentina que la uruguaya? ¿Es lo mismo el revisionismo histórico argentino que el uruguayo? ¿Es lo mismo el latinoamericanismo, que el hispanismo? ¿Son lo mismo el tercerismo y la tercera posición?
Voy a plantear algunas cosas a partir de estas preguntas, y lo voy a hacer a través de un contrapunto entre Trías y Methol. La invitación a dar esta charla sobre Trías me encontró en medio de una investigación sobre Methol, entonces pensarlos juntos me permite hacer una economía de escala. Pero más allá de ese accidente, Methol y Trías, además de ser amigos entre ellos, son dos autores al mismo tiempo muy parecidos y muy distintos, que aunque convergieron coyunturalmente, tenían agendas que iban en direcciones opuestas. Entonces ese contrapunto permite hacer el ejercicio de separar la paja del trigo.
Pero no voy a empezar hablando de Trías y Methol, sino de Ardao y Real de Azúa, y de su famosa polémica de 1965 y 1966, a partir del libro de Solari sobre el tercerismo. Esa polémica se da en torno a dos temas: si existe tercerismo antes de la Segunda Guerra Mundial o no; y si el tercerismo es una ideología o es una posición ante la Guerra Fría en la que coinciden personas de ideologías muy distintas. El trasfondo de esta discusión es si hay continuidad entre el tercerismo de Marcha y la tercera posición de antes de la guerra, es decir, esa postura que tiene como eslogan “ni liberales ni marxistas”, o sea el fascismo y sus zonas aledañas, o no. Básicamente, Real de Azúa dice que sí, y Ardao que no. Real ve al tercerismo como una ideología, y Ardao niega esto de plano. Es importante notar que ambos son terceristas. En ese debate, Real, hombre de letras, es más bien escurridizo, mientras Ardao, filósofo riguroso, intenta definir las cosas y sacar conclusiones claras y distintas. Después de mucho discutir, Ardao se exaspera y le echa en cara a Real de Azúa su pasado falangista y textos antisemitas de su juventud.
¿Esto por qué es interesante? Porque para Ardao (recordemos, una de las manos derechas de Quijano) en el tercerismo conviven diferentes ideologías, no necesariamente compatibles entre sí más allá de posibles alianzas puntuales en la coyuntura específica de la Guerra Fría. En cambio, para Real de Azúa hay un proceso de elaboración ideológica que viene desde antes, que tiene que ver con Marcha pero también con discusiones que están dando en otros campos políticos, sobre todo el hispanismo. Ardao, que era latinoamericanista, pero también antifascista, se indigna ante esta posición de Real. Traigo esto porque de algún modo el tema que está en juego en el contrapunto entre Trías y Methol es precisamente este: ¿cuál es la relación entre la tercera posición post-fascista y la izquierda nacional? Es un problema extremadamente espinoso.
Lo primero es agradecer a Ardao su intento de esclarecer y separar las cosas, y ese es un poco el espíritu desde el que estoy pensando. Sin embargo, no deja de tener razón Real de Azúa en que efectivamente hubo un campo de discusiones en los que circularon narraciones históricas, conceptos y pensamientos estratégicos, en el que derechas e izquierdas de lo que después iba a ser el tercerismo efectivamente tenían cosas en común en el nivel ideológico.
Si uno lee “La formación de la conciencia nacional” de Hernández Arregui, uno de los grandes intelectuales de la izquierda nacional argentina, puede ver que él no tiene ningún problema en admitir que los nacionalistas que crean la narración histórica en la que el se inspira son fascistas. Hablando de Ibarguren y compañía, dice sin ambigüedad que fueron nazis. Y leyéndolos, eso queda bastante claro.
Si uno lee a Ramiro de Maezu (o Maeso), un intelectual hispanista proto-franquista que Methol cita como una de sus inspiraciones, puede ver que para Maezu la revolución es el anti-patria y el anti-cristo. Además, Maezu reivindica muy fuertemente el revisionismo histórico en defensa de la hispanidad, y específicamente del Imperio Español y su obra.
Si uno lee a Felipe Ferreiro, un herrerista tercerista que es mencionado por Ardao en la polémica con Real de Azúa, puede ver en su libro “La destrucción del Reyno de Indias”, uno se encuentra con una reivinidación de una nación que incluye a América Latina, pero también a España y Portugal, bajo el Rey. Idea en la que Methol insiste muchas veces. Para Ferreiro la tragedia no es la ruptura de la unidad latinoamericana, sino la ruptura el del Imperio Español.
Si uno lee la “Historia de la nación latinoamericana” de Abelardo Ramos, se encuentra con que el libro empieza con una celebración de Isabel la Católica. Ni que hablar de Herrera, otra inspiración de Methol. Que es más complicado porque era también un anglófilo y un fanático de la defensa de la soberanía del estado oriental desconfiado de Argentina. Pero también era hispanista y tenía una noción de destino común de hispanoamérica. Estos cruces no son superficiales.
Evidentemente, las tareas del revisionismo histórico en Uruguay y en Argentina eran distintas. La figura de Artigas, en Uruguay, entrado el siglo XX, ya hacía mucho estaba canonizada. Pero hay que prestar atención a que la forma y las razones como se reivindica a los grandes caudillos es muy diferente. Por ejemplo, para Methol, el interés por Artigas es teológico. Methol explica, en un fascículo del Capítulo Oriental, que la importancia de Artigas viene dada porque él es el culminación de una saga del Espíritu Santo, que va de Jerusalén a Roma a España a las Misiones, y que Artigas es el último estertor de éstas. E importa en la medida de que, si lo orientales miráramos a Artigas, nos reconciliaríamos con nuestro lugar en la historia universal, que es la historia de la unificación de la humanidad bajo la Iglesia. Si leemos a Galeano (que bien puede ser considerado un discípulo de Trías), nos encontramos con razones muy distintas para reivindicar a Artigas. Ciertamente Galeano no empieza “Las venas abiertas de América Latina” celebrando a Isabel la Católica. Una hipótesis que quiero proponer es que la Guerra Civil Española, y las ideas sobre la hispanidad, son un buen lugar desde el que buscar diferencias. Porque a través de la interpretación de España viene la interpretación de la colonia.
Lo que quiero decir es que hay un campo intelectual de ultraderecha hispanista que es relevante para la aparición del revisionismo histórico y la izquierda nacional. Este es un tema tabú. Me ha pasado en muchas conversaciones que la respuesta a esto es “¡Nooo! ¿Cómo vas a decir estas cosas?”. El tabú, por cierto, fue muy promovido por las derechas nacionalistas, que buscaron camuflarse y banalizar las discusiones sobre el fascismo una vez perdida la guerra. Pero también se debe a los numerosos errores de interpretación en los que cayó la izquierda al pensar la historia y la cuestión nacional, errores que, después la década del 50, ni quiso volver a repetir. El costo de trasgredir este tabú es ser acusado de liberal, cosmopolita, antipopular, etc. Pero esas acusaciones no hacen que el problema desaparezca.
De todos modos, el encuentro entre la izquierda y la derecha nacionalista no es el único camino posible a través del cual se puede llegar a una izquierda nacional. En su ponencia de ayer, Aldo Marchesi explicaba que entre el APRA, el Partido Socialista Chileno y los encuentros de juventudes universitarias antiimperialistas, nacieron izquierdas nacionales que vinieron de otras tradiciones, y que de allí viene, por ejemplo, el pensamiento de Quijano. Por otro lado, el marxismo-leninismo tenía sus propias razones para pensar la cuestión nacional. Trías está un poco en los tres lugares. Toma algunas cosas de la derecha nacionalista, otras del latinoamericanismo socialista y republicano de Quijano, y otras de la visión marxista-leninista de la cuestión nacional. Methol, en cambio, odia al foquismo y ataca sistemáticamente al marxismo, aunque proponga en algunos momentos diálogos e incluso alianzas tácticas.
La posición de Trías sobre estos temas se hace muy patente en su libro sobre Rosas. Trías, igual que mucha gente de izquierda de ese momento, está pensando en el cesarismo, el bonapartismo, la necesidad de la centralización y la construcción de estados nacionales, la lucha contra el imperialismo en alianzas policlasistas, la relación entre el desarrollo capitalista y la construcción de sobreanía, la adhesión a liderazgos por parte de los sectores sublaternos. Trías es crítico de Rosas, pero se lo toma muy en serio. Y si bien es cierto que lo ve como una figura autoritaria, ve también en él algo popular, e incluso democrático.
Trías, en “Para un socialismo nacional” reivindica a la tradición. Pero lo hace de una manera muy distinta de como lo haría un tradicionalista. Para Trías, la tradición es un atributo de una nación, y por lo tanto parte de la construcción de la necesidad histórica de los estados nacionales, que son para el una parte necesaria del camino al socialismo y a la revolución mundial. O sea, Trías no deja de ser internacionalista por ser nacionalista. Y por más que sobre el contenido de la nación tenga un pensamiento que se parece más al nacionalismo de derecha que al republicano, el lugar que eso tiene en su teoría es complementamente distinto del que tiene en el pensamiento de la derecha tradicionalista.
Además, en ese libro, Trías cita a Che Guevara, a Mao y a Fanon, y no cita a ningún nacionalista de derecha. Si uno lee, por ejemplo, “Los condenados de la tierra”, se encuentra efectivamente con una reivindicación de la dimensión nacional de la revolución, pero que no pasa para nada por reivindicaciones tradicionalistas de la nación. Al contrario, Fanon es sumamente crítico de los jefes y las figuras religiosas tradicionales y de su relación con la colonia. Trías, además, reivindica a la Revolución Francesa, cosa que nunca haría, por ejemplo, Methol. Trías, así, intenta resolver el reto nacionalista, que lo interpela, pero lo hace con las herramientas del marxismo.
Este problema y esta distinción es importante, porque en los últimos tiempos se ha dado una reaparición de la derecha nacionalista. Uno se encuentra con gente que está leyendo a Buela, a Dugin, a Marcelo Gullo (que es un discípulo de Methol, admirado por Manini, reivindicador del Imperio Español), sin necesariamente darse cuenta de sus connotaciones políticas e ideológicas. La aparición de Cabildo Abierto debería hacer urgente la tarea de separar la paja del trigo. Y puede ser que el tabú de pensar la relación entre la derecha y la izquierda nacional puede estarnos nublando la visión. La derecha nacionalista, además, es muy inteligente para explotar estas confusiones, y siempre lo fue.
En parte, la crítica nacionalista a la izquierda es correcta. Es decir, la izquierda tiene problemas para pensar en la geografía, la historia larga, la espiritualidad, las formas de vida del pueblo. Y la respuesta de la izquierda a este desafío, que viene de la derecha pero también de la realidad, bien puede pasar por algún tipo de socialismo nacional. Ahora, al igual que Trías, la respuesta a ese problema la tenemos que construir usando nuestras propias herramientas intelectuales. No comprar hechas a las herramientas analíticas de la derecha. Y si tomamos alguna de las herramientas que la derecha gentilmente nos ofrece, debemos saber lo que estamos haciendo, pasarlas por un tamiz crítico, y estar atentos a las consecuencias que eso tiene.
Quizás haya una síntesis que hacer con los problemas que trae el nacionalismo, pero es una síntesis que tenemos que hacer en nuestros propios términos. Recordando que el principismo republicano de Quijano no le impedía apoyar a Cuba o a Perón cuando eran atacados por el imperialismo; que la georgrafía puede pensarse desde un materialismo que piense desde la materialidad de la Tierra (incorporando, por cierto, la ecología); que el pueblo no necesariamente es lo que los nacionalistas conservadores dicen que es, y que hay otras formas de pensar sus ambivalencias. Recordando que a Artigas lo podemos poner al lado de Tupac Amaru, de la Revolución Haitiana, los charrúas y los guaraníes, y no olvidando que Artigas decía que los orientales debemos ser “tan ilustrados como valientes”. Es decir, los orientales tenemos un mandato artiguista de ser parte de la Ilustración.
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